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jueves, 8 de septiembre de 2016

EL INDIO Y SUS FANTASMAS

Por: Roger Adan Chambi Mayta 
         Ivan Apaza Calle

“El opresor es cada vez más indigenista, sutil y disimulado (…) No hay opresor minúsculo ni mayúsculo. No hay opresor bueno ni malo, ni horrible ni hermoso. El opresor es simplemente opresor. Somete al indio por ser indio; somete lo indio por ser del indio.”

Ayar Quispe: “Indianismo-katarismo”


El rótulo parece ser a primera vista, inspirada en el título de la obra del escritor  Ernesto Sabato, cuyo nombre es: “El escritor y sus fantasmas”, lo cual cabe aclarar, que no tiene nada que ver con el presente ensayo. Estas líneas de crítica indianista, nacen a partir de varias reflexiones sobre la vida áspera del indio, y que llegan a concretizarse en una habitual noche fría en Sunipata (El Alto).

El panorama actual nos obliga, a sacar a la luz  pública estas reflexiones que muchas veces se quedan en charlas caldeadas bajo cuatro paredes, que al final son estériles, ya que no llegan a su difusión para su posterior discusión y praxis.   Dentro de esos debates, una de las reflexiones, es la realidad que pasa de forma superficial frente a los ojos de los indios; hablamos de la instrumentalización de la vivencia aymara, experiencia que hasta hoy no logramos medir las consecuencias.

La instrumentalización está a la orden del día en las castas blanca-mestizas que oprimen al indio, de hecho, como es lógico, no para liberarlo sino para mantener las relaciones coloniales, de ahí que para nosotros, es elemental quitar el ropaje que utilizan los utilitarios de los indios y de lo indio. Con mayor frecuencia en los círculos “intelectuales” del cholaje paceño, se observan las prácticas ridículas y coquetas de sujetos supuestamente “indixs” ajenos a la vivencia Aymara y la vida áspera.  

Qué entendemos por instrumentalización.

Entendemos por instrumentalización, a ese acto utilitario del cholaje blanco-mestizo de la vivencia india, con la finalidad de mantener la esencia colonial; el Poder. ¿Pero cuál la necesidad de los opresores para que se den la tarea de adoptar prácticas del oprimido?, pues, para legitimarse sobre ellos, es decir, el colonialista al ser consciente de su condición y la condición del colonizado, adopta prácticas y discursos coyunturales en potencia.  

Hay una casta que en la historia ha heredado el Poder de generación en generación, y ha mantenido el sistema colonial. Esta casta ha buscado mecanismos para mantenerse en el Poder secularmente, en efecto, esos mecanismos son los elementos en potencia de los oprimidos.

Una constante de los colonizadores y los colonialistas es que no pueden mantenerse como tal sino instrumentalizan los elementos en potencia de los indios en sus momentos cruciales políticos. Esto no significa que se reduce ahí, sino que también trasciende al campo económico y social, ejemplo la explotación en el virreinato: la mit’a y los obrajes.

Al revisar la historia india podemos percatarnos de este carácter utilitario de los blanco-mestizos con respecto a los elementos en potencia de los autóctonos. En 1532, cuando los dos inkas pugnaban por la legitimidad del gobierno; Waskar y Atawallpa, al ser rivales poseían una potencia política, pero también, había gente detrás de cada uno. Los colonizadores aprovecharon esta situación de rivalidad instrumentalizando a uno de ellos y al sector disconforme con el régimen del inkario, y con ello tomaron el control político del Tawantinsuyu[1]. Por otro lado, ya en la república se evidencia, el mismo acto utilitarista de parte de José Manuel Pando, sobre la potencia política india que encabezaba Pablo Zarate Willka en ese entonces; de manera que, Pando para enfrentarse a los criollo mestizos conservadores, instrumentalizó la potencia Aymara que en ese entonces se traducía en un ejército indio. Una vez logrado el objetivo, Pando no dudó en hacer un pacto blanco-mestizo con Severo Fernando Alonso ante el peligro de la liberación india.

Ni que decir de las guerras, donde la potencia principal del indio era su gran demografía, sirviendo como una tropa cobriza en las confrontaciones bélicas defendiendo a un país que siempre lo sometió.  

Pero la instrumentalización de los colonialistas no descansa únicamente al indio como sujeto, sino que el cholaje blanco-mestizo, conforme a la coyuntura va utilizando lo que necesita  para mantenerse en su lugar privilegiado, en este caso la cultura india. En el caso literario, el indio y su cultura es la fuente de la “originalidad” de la literatura boliviana, eso que tanto enfatizó Fausto Reinaga en su trilogía: “El indio y el cholaje boliviano”, “La intelligentsia del cholaje boliviano” y “El indio y los escritores de América”.

Asimismo, los nacionalistas del cholaje blanco-mestizo en su pretensión de crear un Estado-nación, no tuvieron más opción que recurrir a la potencia cultural del indio, ya que el indigenismo como política colonial estaba en boga en todo el continente, folklorizando las prácticas autóctonas. Se debe tomar muy en cuenta, que el Estado boliviano, es un Estado sin nación, porque tiene como base la estructura colonial. Los nacionalistas, recurren a la cultura india, para legitimar su discurso nacionalista y mantenerse en el Poder, poniéndose el ch’ullu y el poncho indio para ganar el voto autóctono, al respecto Alvizuri ejemplifica los siguiente: “Víctor Paz Estenssoro vestido con poncho y llucho mientras el vicepresidente Hernán Siles Zuazo habla del tiempo del Qullasuyo, cuando todos eran hermanos iguales y no se conocía "ni el hambre, ni la miseria"[2].

En este sentido, el indio siempre fue un factor elemental en este país colonial cuando se habla de nación, porque tiene cultura propia, longeva; a diferencia, los blanco-mestizos, sus elites fueron y son hasta la actualidad bovaricos. A partir de esto, podemos inferir que, la cultura y vivencia de los blanco-mestizos, tuvieron una mirada inspirada en el Occidente, por tanto esas vivencias son solo practicadas en su modus vivendi, en su pequeño círculo jailon[3] dentro del territorio aymara, de ahí que esta casta, cuando discursan para legitimar al Estado, necesitan del elemento de la nación, mas, como carecen de cultura autentica recurren a la cultura del indio.

La instrumentalización frente al ojo indio.           

En la Bolivia plurinacional (aunque no tenga nada de plurinacional en los hechos) la instrumentalización de elementos en potencia política del mundo indio, no solo radica, en el sujeto como tal, ni en su cultura, sino que además, vienen agregadas a estos, elementos como el discurso político y la ideología indianista, asimismo algunas prácticas de la vivencia de los autóctonos.

Roger Adan Chambi Mayta e Ivan Apaza Calle
Los elementos en potencia política del oprimido en el tercer milenio, son como tal, a partir de los movimientos indios encabezadas por Felipe Quispe Huanca, quien sacó “de la clandestinidad a Fausto Reinaga”[4], poniendo en práctica el indianismo; logrando con esto el resurgir del orgullo y la dignidad india. Esa dinámica contra colonial, ha creado un Poder que hizo frente al Poder del cholaje blanco-mestizo, pero ese potencial ha sido aprovechado por la casta secular llevando a la presidencia a un indio sumiso y domable. Consecuentemente, aquello que surgió como práctica liberadora y combativa, pasó a convertirse en un instrumento de dominación en términos políticos; del carácter beligerante del discurso del Mallku paso a transformarse al carácter del discurso pachamamico y del buen salvaje[5]. Esto conlleva por un lado,  el ablandamiento del potencial político existente hasta ese entonces y por otro, la mitificación de las prácticas autóctonas, re-estableciendo el Poder, pero esta vez, bajo el ropaje indio. Eh ahí, el colonizado nuevamente como en las épocas del virreinato, es mit’ani político, es decir instrumentalizado.

A partir de este panorama, la casta secular a través del Estado, inició instrumentando el discurso de los indianistas que buscaban la liberación de las naciones autóctonas. Los colonialistas balbuceaban en sus discursos la descolonización, pero en el fondo no buscaban eso, sino mantenerse en su condición: el de opresores. El Estado colonial, por más que haya hecho una Asamblea Constituyente y se llame plurinacional, no ha cambiado de esencia, por tanto solo hay un cambio nominal, lo que en otros términos puede llamarse continuidad colonial.

No solo eso, los colonialistas han instrumentalizado la simbología de la nación autóctona, como la Wiphala, los iconos indios como             Tupak Katari y Bartolina Sisa que han sido tomados a antojo de sus necesidades políticas. En lo religioso, el uso trivial  que se le otorga a la ritualidad Aymara, se ha convertido en parte de la civilización del espectáculo.

El tráfico de las potencialidades políticas indias por parte del Estado,  hizo surgir dentro de la sociedad colonial, específicamente en las castas seculares, grupos que se auto identifican con la vivencia autóctona, los cuales ejecutan prácticas ridículas a los ojos del indio, como ser: triturar en vez de pijchar la coca, hacer adobe  sin paja brava a pura mano, cultivar en minúsculos surcos variedades de productos agrícolas en el área metropolitana de  esta ciudad colonial, agarrar lip’ichis a diestra y siniestra para parecer y no ser, adoptar atavíos indios que los enorgullecen, pero, en el fondo hacen perder la esencia de la estética Aymara, así también en su intento de pronunciar sin glotalizar ni aspirar el idioma Aymara fino. Estas acciones son colonialistas, porque no buscan la liberación de la vivencia que instrumentaliza el cholaje blanco-mestizo, más al contrario mantenerlo en el sopor. Esto desde una mirada superficial, pareciera ser un acto de buena voluntad hacia lo indio, pero concretamente, es una política colonial que desgasta la cultura india.    

Cuando los colonialistas empiezan a practicar elementos de la vivencia india, como: la ch’alla, los apthapis, o comienzan a lucir las abarcas, tullmas en los pelos, cortar el awayu, masticar la coca (como algunos grupos de la  intelligentsia cholo blanco-mestizo), el colonialista al ejecutar estas acciones lo hace, para  “limpiar y tranquilizar la conciencia que les remuerde”[6] parafraseando a Sabato, o simplemente seguir las modas instituidas por el poder,  pues, “al adoptar estas prácticas culturales, la élite local está legitimando un discurso sobre la cultura. También es reveladora de la ansiedad de un sujeto "sin etnicidad particular" de ubicarse dentro de este nuevo discurso”[7].

El cholaje blanco-mestizo, puede hacer estragos de la vivencia Aymara, sacando privilegios  políticos, económicos de esta, pero los indios cuando empiezan a reivindicar su cultura, los colonialistas son los primeros en salir a deslegitimar esta potencia, porque ese momento, donde los colonizados empiezan a recuperar lo que se le ha negado y sometido, da paso al renacimiento conciencial de la nación Aymara, consecuentemente, la lucha por su liberación. Hay que tener en cuenta que, la diferencia entre los colonialistas y los indios es que los primeros no conocen en carne y hueso la vida áspera, por tanto no pueden hablar el mismo lenguaje de la opresión, por más, que instrumentalicen elementos potenciales de la vivencia autóctona, auto-identificándose como indios, jamás el cholaje blanco-mestizo será lo que pretende ser,  porque, "para saber lo que es el indio, hay que ser indio, porque el que es sólo 'culturalmente' indio, sólo puede revelar lo indio. Pero quien es indio de carne, corazón, cosmos y raza, no sólo 'revela' lo indio, ¡sino que rebela al indio!"[8].

A modo de conclusión.

Hemos analizado de manera breve lo que quizás constituiría un tratado teórico sobre la política instrumental del cholaje blanco-mestizo; el punto inicial para el surgimiento de esta reflexión, fue lo que pasaba frente a nuestra mirada india hace mucho tiempo, pero esa experiencia solo se quedaba en debates y en una indignación.

Parafraseando a G. K. Chesterton “una idea que no es escrita no sirve, pero lo escrito no sirve también, sino se efectiviza”, es decir si no se vuelve praxis, de manera  que, si nosotros teníamos ideas en mente y solo debatíamos no servían, así que, decidimos teclearlo en el ordenador para que llegue a cada indiano mediante las redes sociales. Sin embargo siguiendo a Chesterton, no servirá de nada también, si este escrito no se concretiza. En última instancia, las reflexiones e ideas tienen que desembocar en la acción. Y esta acción consiste en que seamos conscientes de una vez de nuestra vivencia y sus potencialidades. Como Aymaras reivindiquemos lo nuestro, porque esto es el inicio, para nuestra futura liberación.





[1] Cf. QUINTANA Eduardo, “14 mentiras de la historia oficial del Perú”, en: http://truxillo.pe/3425/14-mentiras-en-la-historia-oficial/. Consultado el 18 de julio de 2016.
[2] ALVIZURI Verushka, “La construcción de la aymaridad”, Bolivia: El país, 2009, p. 253
[3] Para una mejor comprensión del término véase la obra de LOPEZ Alex, “Jailones. En torno a la identidad cultural de los jóvenes de la elite paceña”, Bolivia: PIEB, 2006.
[4] Cf. REYNAGA Wankar, “Blokeo 2000”, Qullasuyu: Arumanti chachanaka, 2000.
[5] Para un análisis más profundo véase CHAMBI Mayta Roger Adan, “¿Gobierno indigena? El rol de los indígenas en el proceso de cambio”, en AWQA, 2016, y de QUISPE Ayar, “¿Evo Morales presidente indígena?”, en: AWQA, 2014
[6] Cf. SABATO Ernesto, “El túnel”, Argentina: Libros del mirasol, 1961.
[7] ALVIZURI Verushka, Ob.Cit.,  p. 142
[8] REINAGA Fausto, “La revolución india”, Bolivia: PIB, 1970, 455.


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