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domingo, 17 de noviembre de 2019

RÉQUIEM PARA EL “PROCESO DE CAMBIO”


Por Vladimir Diaz Cuellar[1]
¿Crónica de una muerte anunciada?

De octubre a octubre y de motín a motín. Esa es tal vez la paradoja, superficial, del periodo cubierto por el último ciclo político. Un motín policial abrió el descalabro del Estado neoliberal en febrero de 2003 y un motín policial, conjuntamente el informe preliminar de la auditoria de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre las recientes elecciones, le dieron la estocada final al partido que gobernó el país por casi 14 años. Asimismo, unas movilizaciones sociales abrieron y cerraron el telón. Las movilizaciones populares de octubre de 2003, con el sacrificio de casi una centena de vidas, le habían puesto fin al par de décadas del país que había sido gobernado por la élite minera (Gonzalo Sánchez de Lozada) y agroindustrial (representada por Hugo Bánzer) a plan de medidas económicas que enajenaron los bienes públicos y que hicieron pagar las cuentas a costa del nivel de vida de las mayorías nacionales. Éstas, al mismo tiempo, le habían abierto las puertas de par en par a la avalancha electoral con la que el Movimiento al Socialismo (MAS) ganó el 2005. Y son otras movilizaciones “por la defensa de la democracia”, entre octubre y noviembre, las que despiden a ese gobierno.

Nadie, ni siquiera los más recalcitrantes adversarios del MAS, se hubiesen imaginado el dramático y rápido colapso de este partido y su gobierno. Pese a la casi década y media transcurrida, todas las encuestas -realizadas durante alrededor de un año- le daban alrededor del 30% de la intención de voto, aún con muchos indecisos por decidirse. Sólo pocas semanas antes de la elección, en medio de los voraces incendios que consumían el bosque chiquitano, se vislumbraba la posibilidad de que Carlos de Mesa pueda forzar una segunda vuelta. De ahí en más, los hechos del alud se sucedieron muy rápidamente.

La noche del 20 de octubre, incomprensiblemente, las autoridades del Tribunal Supremo Electoral paralizan el conteo rápido de votos con un acto que no tenía precedente, al menos en las últimas elecciones. Los resultados al 83,85% de los votos escrutados daban a Evo Morales el 44% y 39% a Carlos de Mesa forzando a una segunda vuelta, lo que fue celebrado como una verdadera victoria por la oposición. La Constitución de 2009, en efecto, establece que no habrá necesidad de una segunda vuelta si un candidato ganase con más del 50% de los votos, o con más del 40% siempre que haya una diferencia de 10 puntos respecto al segundo (artículo 166). Poco después, y pese a aquello, Morales sale dándose ganador en primera vuelta “confiado en el voto rural”. La sospecha hace presa del país. Por todas las ciudades y poblaciones menores, los ciudadanos se movilizan para resguardar los votos y las actas electorales. La sospecha se transforma rápidamente en furia cuando 22 horas después de la suspensión, el TSE restablece el cómputo rápido dando esta vez, al 95,63%, por ganador al MAS (46,85%) con un margen apenas mayor al 10% de diferencia sobre Comunidad Ciudadana (CC, 36,74%), lo que hacía innecesaria la segunda vuelta. Para colmo, los miembros del TSE no atinaban a justificar más que vagamente la suspensión del sistema (hablan primero de evitar dar dos resultados y luego de un ataque informático). En Potosí y Sucre, la gente quema las instalaciones de los Tribunales Electorales Departamentales, mientras que en Oruro queman las oficinas del MAS. Hay protestas en todo el país y, en algunos casos, enfrentamientos con la policía.

El 22 de octubre ya se tienen las primeras renuncias en el órgano electoral. El 23, mientras la misión de observadores de la OEA sugiere ir a una segunda vuelta, Morales denuncia un intento de golpe de Estado y llama a la “defensa de la democracia” que son respondidas casi de inmediato con grandes concentraciones en apoyo al MAS en La Paz y luego en Cochabamba. Poco después, él llamará además al “cerco a las ciudades”. Los paros cívicos ya son contundentes en varias ciudades del país. En poco, la movilización cívica se hace literalmente nacional, como nunca en la historia del país, y lo envuelve de este a oeste y de norte a sur. Sus epicentros son, a no dudar, las ciudades capitales. En este momento, las líneas de clase y de color de piel que marcan ambas movilizaciones son más marcadas: de un lado, las protestas en “defensa de la democracia” son en lo fundamental de clases medias, en tanto que en “la defensa del voto rural” son los campesinos y trabajadores los que se despliegan; los más blancos contra los más morenos. Sin embargo, las protestas cívicas de Santa Cruz y Potosí tienen un carácter más amplio, más popular, que los equivalentes de La Paz y Cochabamba. Entre el 23 y 25 se dan los primeros enfrentamientos entre manifestantes y simpatizantes del MAS, primero en el Plan 3000 en Santa Cruz y luego en Satélite norte y El Torno (ambos en Santa Cruz), Cochabamba y Yapacaní. El 25, el TSE concluye el conteo oficial y da por ganador al MAS con el 47.07% (CC, 36,51%), ratificando que una segunda vuelta no era necesaria. Los vocales no dan mayores explicaciones y no dan la cara a la prensa por una semana, tras la cual uno de ellos afirmará que los resultados son “sagrados”. La semana que se inicia el 28 está plagada de enfrentamientos civiles en varias ciudades y poblaciones menores; los heridos se cuentan ya en decenas. Mientras se inicia el cerco campesino, la oposición y el oficialismo se miden en sendos cabildos y concentraciones en las ciudades.

El 30, en Portachuelo y Montero, se registran enfrentamientos con heridos de bala y dos muertos entre las filas de los opositores. Los autores, según las investigaciones policiales, podrían estar vinculados a funcionarios de la alcaldía y a la diputada electa de zona, ambos del MAS. Las denuncias de los ciudadanos, que habían estallado sin ningún orden, muchas de ellas falsas, cobraron, entre tanto, cierta sistematicidad. Un ingeniero y su equipo explica los posibles mecanismos del fraude; la empresa proveedora del software electoral siembra más dudas. El 31, la OEA comienza finalmente la auditoria solicitada por el propio gobierno y que al poco es rechazada por la oposición desconfiada del actuar de su secretario general, Luis Almagro, anteriormente favorable a Morales. Los dirigentes campesinos deciden suspender el cerco a las ciudades; Morales ya no tiene la actitud desafiante de los primeros días y pide un “cuarto intermedio”. En contraposición, grandes cabildos en Santa Cruz, Cochabamba, Potosí, Sucre y La Paz radicalizan sus posiciones y piden ya la renuncia de Morales o la anulación de las elecciones. Las protestas contra el gobierno ya tienen un tinte más popular, en relación a su comienzo, con la participación de vecinos auto-organizados, más allá de los barrios de las clases medias, y de algunos sectores, particularmente en Potosí y en menor grado en Santa Cruz. Sin embargo, continúan los ataques a las oficinas de campesinos en las ciudades, así como a las oficinas del MAS. El racismo marca gran parte de la movilización. El 5 de noviembre se realiza la última gran concentración de organizaciones sociales en apoyo al gobierno en La Paz, con participación de la Central Obrera Boliviana (COB), mineros de Huanuni y Colquiri, campesinos, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) y trabajadores petroleros: los ch’ulos y cascos mineros dominan la escena. Se producen más choques con la clase media. Y el 6, cerca de Vinto, se producen brutales enfrentamientos entre campesinos y vecinos producto de los cuales un joven pierde la vida. La gente enfurecida toma y quema el edificio de la alcaldía para después humillar a la alcaldesa del MAS a quien apuntan como la provocadora. En La Paz, estudiantes se enfrentan con los mineros asalariados que utilizan dinamita.

Finalmente, el 7 de noviembre, se produce la última concentración en El Alto convocada por la junta de vecinos, la COB y gremiales, en apariencia a favor del gobierno, en la que se pide pacificación, se rechaza los recientes sucesos de racismo y se pide que se investiguen las causas de las muertes. Morales no participa en ella y sólo la “saluda” desde Twitter. El líder de la COB, Juan Carlos Huarachi, resaltando lo que ya se hacía evidente, decía: “queremos ver la participación masiva de El Alto, ese ‘león que está dormido.’ Que despierte de una vez, ¡carajo!”. También se realizan concentraciones en apoyo al gobierno en Cochabamba y San Julián (Santa Cruz). En La Paz, en tanto, los líderes cívicos de Santa Cruz y Potosí, que pocos días antes habían comenzado a coordinar acciones, participan en un cabildo organizado por los cocaleros de los Yungas, misma a la que asisten, además de los usuales estudiantes, trabajadores mineros y esposas de policías. Por la noche, el gerente de la empresa panameña Ethical Hacking, que realizó la auditoría informática al proceso electoral, afirma en una entrevista que éste está “viciado de nulidad” debido a múltiples irregularidades. A estas alturas, cuando el balance de fuerzas estaba ya volcado en favor de los diversos sectores sociales comandados por la alianza cívica, el 8, un motín policial toma forma en Cochabamba y se expande como dominó a otras ciudades. Por la noche, Morales sólo atina a mandar más mensajes de Twitter. Al día siguiente y antes de medio día, con el motín policial en La Paz, éste ya era general y nacional. En varias ciudades, los policías marchan conjuntamente la gente que ha mantenido el paro y las manifestaciones por más de dos semanas. El comandante de las Fuerzas Armadas anuncia que no reprimirá al pueblo. Las cartas estaban echadas. Morales, desde la base aérea de El Alto, vuelve a pedir la movilización social, pero a este punto sólo los cocaleros de trópico se encontraban marchando organizadamente, pero en el Chapare y sin destino conocido. El tiro de gracia lo dio, en la madrugada del 10 de noviembre, el informe preliminar de la comisión de la OEA que realizaba la auditoría al proceso electoral y que, aunque debía ser entregado un par de días después ante el convulsivo ambiente social, concluye que existieron múltiples irregularidades y sugiere nuevas elecciones.

Esa misma mañana del 10, Morales, en un escueto comunicado y acompañado por unos pocos dirigentes, anuncia la convocatoria a nuevas elecciones. Por si tal correlación de fuerzas no era ya decisoria, el día y la noche anteriores, una caravana de alrededor 150 buses procedentes de Sucre y Potosí, despedida con un baño de solidaridad popular, ya se dirigía a La Paz transportando probablemente a 8 mil cívicos, estudiantes, cooperativistas mineros (del Cerro Rico y Porco), mineros asalariados (de Porco, San Lorenzo, San Cristóbal y otras varias minas) y otros, como parte de la coordinación del movimiento cívico nacional. El 9, el primer grupo de ésta es interceptado y atacado por campesinos, aparentemente instigados por un alcalde del MAS, en Vila Vila, resultando en varios heridos. El 10, un segundo contingente es atacado con armas de fuego cerca a Challapata resultando en heridos. Entre estos dos días, una gran muchedumbre enfurecida en Potosí, al conocer las noticias de los ataques a los buses, se moviliza, presiona a sus autoridades regionales, todos del MAS, para que renuncien, quema luego las casas de uno de éstos y de un ministro. En Oruro, también queman la casa del gobernador del MAS, acusándolo de ser responsable del mismo ataque, así como la casa de la hermana de Morales.

Con todo esto, se vino la ola de renuncias de ministros, gobernadores, alcaldes y asambleístas, comenzando por las autoridades potosinas. El MAS, tanto como aparato en el Estado así como partido, colapsó en pocas horas. Las Fuerzas Armadas y la COB piden, casi simultáneamente, la renuncia de Morales. En medio de una Plaza Murillo sólo resguardada por los estudiantes movilizados, sin policías o militares y sin los mineros de las empresas estatales que días antes se encontraban ahí, los líderes del movimiento cívico entran a Palacio Quemado, tienden la bandera tricolor en el piso, se arrodillan y junto con una Biblia dejan la carta de renuncia que habían redactado para que la firme Morales. Éste, para entonces, se encontraba con rumbo a Chimoré (Chapare) desde donde, junto con su vicepresidente Álvaro García Linera y la ministra Gabriela Montaño, renunciará a la presidencia. Ninguno de ellos reconoce el fraude. Ni una palabra sobre los muertos y heridos. De hecho, Morales se enfoca compulsivamente en los ataques a las casas de la gente de su entorno. Según ellos, “el golpe se ha consumado”. Tras esto, los festejos se desatan en varias ciudades. Pero al poco cayó la noche y la anomia social prevaleció. Vándalos y grupos de choque del MAS, por separado y tal vez en algún caso juntos, quemaron los buses del transporte público de la alcaldía opositora de La Paz, las casas de algunas figuras de la oposición y saquearon algunos negocios. Al festejo de las clases medias le siguió su histeria colectiva.

¿Golpe de Estado o fraude?

¿Hubo un golpe de Estado? Eso es al menos lo que el gobierno del MAS aseguró desde el inicio del conflicto. Sin embargo, en su mayor parte, las aseveraciones para fundamentar esto fueron genéricas. Incluso en los momentos más críticos, cuando información detallada podría volcar las simpatías de los manifestantes de uno u otro lado, Morales nunca se dio a la tarea de explicar cómo el supuesto golpe estaba funcionando. ¿Por qué no utilizar las oportunidades que tuvo para convencer a la población del golpe en vez de utilizarlas para burlarse de los movilizados? El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, quien participase en la Escuela de las Américas, sólo se dedicó a hablar del temible plan de convertir a Bolivia en un nuevo Vietnam. Fue el ministro de Gobierno quien le dedicase algunos minutos al detalle del asunto. Él afirmó que éste “tiene tres dispositivos fundamentales. El primero es la conculcación de las garantías constitucionales de los ciudadanos, incluida la libertad de expresión y la libertad de prensa. Segundo, la activación de un sentimiento racista para generar confrontación a nivel de la población civil de Bolivia y tercero, la confrontación violenta contra las instituciones del Estado, particularmente la Policía”, lo que no deja de ser bastante general. Esto, además, lo dijo, el 4 de noviembre, cuando el “golpe” ya tenía dos semanas de estar en curso. Cuando entró en detalles mencionó que los opositores habrían adquirido “armas y municiones en Estados Unidos” para tal efecto. Un blog, en inglés, parece haber sido la fuente de las aserciones. Aparte de esto, las diversas aseveraciones del gobierno sobre el mentado golpe sirvieron solamente para que la gente haga graciosos memes con ellos.

No hubo, además, la más esperada de las campañas de acusación o incluso de difamación en estas circunstancias, la dirigida contra el líder de los “golpistas”, Luis Fernando Camacho. Era evidente que Camacho estaba fuera del radar del gobierno. Al parecer, incluso gente entre los movilizados sabía más sobre aquél que el ministro de Gobierno.

¿Cómo hubiese sido posible para los golpistas lograr crear el clima inmediato que generó la ira colectiva entre el 20 y 21 de octubre? ¿Cómo hubiesen hecho que el TSE suspendiese el cómputo de votos? ¿Cómo hubiesen hecho para que Morales se declare sospechosamente ganador casi al mismo tiempo? Para tal efecto, sería necesario al menos que la oposición haya controlado a ambas o una de las empresas involucradas en el proceso, ya sea la proveedora del software o la auditora informática, y que ellos, naturalmente, se arriesguen a esta aventura. Pero aún en ese caso, ¿cómo hacer que el TSE, y el gobierno el general, no se percaten en los meses de preparación de las elecciones sobre tal riesgo? Sólo errores y una miopía inconcebibles explicarían tal situación. Aunque no es posible descartar esto totalmente, parece ser no más que una remota posibilidad.

¿Hubo fraude? Acá los indicios son varios. En julio de 2015, se renueva completamente la composición del TSE con la designación de 6 nuevos vocales por la Asamblea controlada por el MAS y uno por el presidente Morales. Tras las renuncias, debido a presiones, de los llamados vocales “institucionalistas”, el oficialismo se encargó de reemplazarlos en 2018, según dijo la prensa, con personas vinculadas en el pasado al MAS (quedando Antonio Costas como el único vocal “institucionalista”). El vocal que dijera que los resultados son “sagrados” fue incluso fotografiado pintando paredes a favor de MAS durante las elecciones previas. A esto siguieron en el último año una serie de despidos y cambios de funcionarios, mencionada por el entonces vocal Costas. Paralelamente, la interpretación de la Constitución, el 28 de noviembre de 2017, por el Tribunal Constitucional dispone, con malabarismos legales propios de rábulas, que Morales y García Linera tienen el “derecho humano” a la repostulación, desconociendo así el resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016 en el que, con telenovela creada o real, la población decidió no permitir la modificación constitucional que los habilitaría. La culminación de este proceso fue la final habilitación de ambos candidatos para las venideras elecciones nacionales, el 4 de diciembre de 2018, por este TSE controlado por el Ejecutivo. Adicionalmente a esto hay que notar: las observaciones al supuesto incremento inusual del padrón electoral; los notarios de Pando encontrados flagrantemente inscribiendo a ciudadanos en Riberalta; la autorización a una sola compañía para transmitir los resultados en boca de urna; las renuncias de vocales y funcionarios de los tribunales electorales departamentales los días inmediatamente posteriores a la elección; y, finalmente, el silencio del TSE durante las pasadas semanas cuando era más que imperante tener la voz técnica de la institución que despeje cualquier duda sobre el proceso electoral. Así, si se consideran la serie de encuestas, durante alrededor de año, que daban una posible victoria al MAS pero sin superar el 50% de los votos o sin alcanzar la diferencia de 10% sobre el segundo, hicieron pensar a muchos en el país que el gobierno planificó, de ser necesario, un fraude. Ambos informes de la OEA han venido a confirmar lo que los ciudadanos movilizados presumieron desde la noche misma de la elección.

El MAS, en tanto estructura partidaria, fue incapaz de generar dirigentes que pudiesen tomar la posta al binomio Morales-García Linera, o tal vez no se quiso hacerlo. Cuando Santos Ramírez fuera condenado a cárcel debido a los escándalos por corrupción en la empresa petrolera estatal, se cerró la vía del que parecía es sucesor natural de Morales. De la misma manera, cuando el excanciller David Choquehuanca fue apartado como delegado ante el ALBA en 2017 parecía que se creaba una situación para hacer de Morales el único presidenciable. Con ello, el MAS se puso a sí mismo en un callejón sin salida creado por la propia Constitución que ellos mismos aprobaron en 2009, que prohibía la reelección del presidente y vicepresidente por más de una vez continua (artículo 168). Morales y García Linera se consideraron insustituibles y forzaron la vía para un posible cuarto mandato consecutivo. De hecho, García Linera lo había dicho: sin Morales "el sol se esconderá y la luna se escapará". Llegada la elección, ellos sabían que no podrían ganar en primera vuelta y que de ir a segunda vuelta perderían con Carlos de Mesa. Esa noche apostaron al suicidio.

Champa guerra

Las crisis nos muestran, decía René Zavaleta, a la sociedad en su desnudez. El gobierno del MAS fue siempre el gobierno de los sectores populares del país. Fue, en verdad, una macro articulación de diversas organizaciones de campesinos, trabajadores asalariados, trabajadores cooperativistas, comerciantes, cuentapropistas y transportistas. En un inicio, también de una parte de la clase media, y de ahí de forma progresivamente decreciente. Esto a contracorriente de lo que ocurría con el empresariado que, de opositores radicales en los primeros años, pasaron muchos de ellos, a conversos del gobierno de la “estabilidad económica” a partir del pacto del 4 de febrero de 2011. Si bien en el inicio de la crisis desatada el 20 de octubre, la gran mayoría de las organizaciones de campesinos y trabajadores se alinearon detrás del MAS, los acontecimientos desatados y la información relacionada al fraude electoral cambiaron la correlación de fuerzas en su contra. El estupor inicial, que causó a los sectores populares la posibilidad de un fraude cometido por el partido que los representa, duró un par de días. A la defensa convocada por Morales, rechazado la acusación de fraude, en efecto respondieron con su movilización los campesinos en el eje troncal, incluyendo a los cocaleros del trópico, pero también de algunos ayllus de norte Potosí, además de los trabajadores mineros estatales de Huanuni y Colquiri, los cooperativistas auríferos y las juntas de vecinos. Entremezclado con el sincero apoyo al “proceso de cambio” estaba también la mediación prebendal, instalada hace varios años. El aparato quasi-estatal del partido, mediante sus muchos alcaldes y otras autoridades también funcionó para movilizar a la gente, sin mencionar que los funcionarios públicos fueron utilizados sistemáticamente para inflar de gente las concentraciones masistas. Y tal vez todo esto le pasó factura al MAS cuando se sumó a ello el conocimiento de las revelaciones sobre el fraude. Uno a uno estos sectores fueron dejando de responder al llamado hasta que prácticamente nadie lo hizo. Cuando los policías de La Paz se amotinaron, los mineros de Huanuni y Colquiri, que por días habían hecho vigilia en la Plaza Murillo, habían desaparecido de vista.

El campesinado fue siempre el sustento fundamental del gobierno del MAS, su sustrato social más íntimo. La reconducción de la Reforma Agraria fue un masivo proceso de transferencia de tierras a manos campesinas que no tiene paragón sino únicamente con el proceso al que el campesinado había forzado al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en 1953. Pero la propiedad de la tierra no garantiza su posesión permanente y, de hecho, en el mercado nada impide que ésta se concentre, más al contrario. Esto más aún si la gran propiedad no es afectada. Ya por aquel entonces, el censo agropecuario de 2012 mostraba que las unidades agropecuarias con una superficie mayor a 500 hectáreas utilizaban el 66% (22.818.064 hectáreas) del total de la superficie empleada para la producción agrícola, ganadera o forestal; si bajásemos un poco más la marca, digamos a 100 hectáreas, que es aún así una superficie bastante grande para ser trabajada por una familia campesina, tendríamos que representan el 79% (27.471.259 hectáreas). Los campesinos, sin duda, se beneficiaron de la distribución de tierras que, considerando las décadas de minifundio, pobreza extrema y migración, explican su profunda gratitud para con el gobierno. Pero esta distribución no afectó el también dilatado proceso de conversión de la agricultura y ganadería del país en industriales, que producen esencialmente soya, maíz, girasol, sorgo y carne bovina y avícola.

Los trabajadores manuales, otra de las mayorías nacionales, si bien apoyaron en su mayor parte al gobierno del MAS durante estos años, tuvieron una relación más conflictiva y oscilante que los campesinos: alrededor de la ley de pensiones el 2008 y 2013, del gasolinazo de 2010, o de los incrementos salariales en un par de años, aparte de varios conflictos sectoriales. En algún punto (2013), los obreros trataron de formar su propio partido y conquistar su autonomía política respecto al MAS. Pese a esto, cuando vino la crisis electoral, los trabajadores mineros de las empresas del Estado respondieron al llamado de Morales y le defendieron con dinamita en mano hasta que finalmente lo dejaron de hacer. Los cooperativistas mineros auríferos, que se habían beneficiado de importantes áreas de trabajo en el norte del departamento de La Paz y la Amazonía -incluso dentro de áreas protegidas- durante estos años, también acudieron a la convocatoria y también se retiraron a sus regiones cuando avanzó el conflicto. Aparte de estos actores plenamente visibles, la participación de los trabajadores estuvo diluida en tanto estuvo mediada por otros tipos de organizaciones, sean estas barriales o cívicas. Si bien el tamaño relativo de los sectores trabajadores, según el Censo de 2012, ha crecido a expensas del campesinado, esto no ha sido reflejado en formas políticas.

En la vereda del frente, sin embargo, los sectores populares que se alinearon con la oposición y el movimiento cívico, a medida que la crisis avanzaba, lo hicieron en algunos casos directamente, en otros por la confluencia de las fuerzas en flujo. No es de extrañar que los cocaleros de los Yungas se hayan puesto en la vereda del frente si se recuerda su confrontación con el gobierno ante la ampliación de las zonas de cultivo de coca en la zona no tradicional -el Chapare- por la cual sus dirigentes fueron encarcelados. No es sorpresa tampoco que los cooperativistas mineros de Potosí lo hayan hecho, ya que perdieron muchas vidas en diferentes batallas con el gobierno por las cuales aún no hay responsables en la cárcel, en tanto ahí sí se encuentran encerrados algunos de sus dirigentes. Los trabajadores mineros de Chojlla pese a vivir a pocas horas de La Paz no fueron atendidos en sus reclamos sobre violaciones de derechos humanos en la mina. No es sorpresa que, por tanto, los sectores azotados por el brazo represivo o la indiferencia del gobierno se hayan enlistado organizadamente en las corrientes políticas que lo asediaban.

La debacle masista, lastimosamente, no será sin consecuencias para la capacidad de movilización de las organizaciones populares. No sólo el aparato estatal y partidario del MAS colapsó en este proceso, es muy posible que la estructura prebendal sindical también lo haga y muy rápidamente. Como la madera podrida por dentro, ésta también se desmoronando con el impacto de la crisis. Esto no sólo ha comenzado a ser visible en El Alto que por ahora tal vez se parece más a una hidra de muchas cabezas que trata de reorganizarse rápidamente desconociendo, en algunos casos, a dirigentes masistas y opositores. Lo es también en el fracaso sistemático de las dirigencias de la COB, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), entre otras, en tratar de movilizar a sus bases. El estupor produjo a su vez desorganización. Sólo una vez que se arranque la maleza podrán crecer los cultivos.

Las clases medias, por su parte, fueron la columna vertebral de la movilización cívica y opositora durante una buena parte de la crisis -hasta que barrios y regiones más populares entraron en el ruedo. Los jóvenes universitarios y los jailones de las ciudades del eje tuvieron su bautismo político en este tiempo. Muchos los subestimamos, pero nadie más que el gobierno. Morales se burló de su capacidad de organización diciendo que no aguantarán y que sólo estaban ahí por “platita y notitas”. Ellos crearon el grito de guerra que marcó el tono de toda la movilización: “¿Quién se rinde? ¡Nadie se rinde! ¿Quién se cansa? ¡Nadie se cansa! ¿Evo de nuevo? ¡Huevo, carajo!”.

Muchos de ellos son también hijos de trabajadores y campesinos, estudiantes en las universidades públicas y privadas, que engrosaron las filas de los protestantes. El MAS agrandó el tamaño absoluto de la clase media en estos años. La población en ocupaciones de trabajo no manual, según el Censo de 2012, prácticamente se duplicó desde 2001 (aunque su peso relativo se incrementó muy ligeramente, a casi el 20% en 2012). Por un lado, si estos nos sirven de indicadores complementarios, la urbanización del país continuó a pasos acelerados: casi el 70% de la población vive ahora en centros urbanos (en comparación con 62% el 2001, de tan sólo 26% en 1950). Junto con ello, el mejoramiento sustancial de las condiciones de vida (producto combinado de las políticas de incremento salarial y los bonos junto con el incremento de las importaciones de bienes manufacturados baratos del Asia), han ensanchado las clases medias. Según el Ministerio de Economía, el 58% de la población tenía ingresos medios en 2017 (en comparación con el 35% en 2005). De alguna forma, no es incorrecto decir, que el MAS incubó la clase social que inició la movilización que provocó su caída: fue presa de las fuerzas que desató o que aceleró.

No hubo ninguna crisis económica, ni siquiera una recesión, que haya incitado la insatisfacción de las clases medias movilizadas. La pérdida del apoyo de las sectores medios fue lenta pero constante durante todos estos años, no sólo por el manejo torpe de la burocracia estatal, pero fundamentalmente debido a la profunda incapacidad del gobierno de reconocer sus errores: de reprimir con brutalidad a los discapacitados el 2012 y 2016; de reprimir torpemente a la marcha de las organizaciones indígenas opositoras el 2011; de desconocer un referéndum y de forzar la habilitación de sus candidatos violando las normas que ellos mismos aprobaron; de hacer campaña electoral y no reconocer siquiera la existencia de los grandes incendios forestales de la Chiquitanía que se venían sucediendo por un tiempo ya. La ira de las clases medias fue moral. Y en democracias, no hay hegemonía posible sin el consenso de ellas.

Detrás de ellas, y sus buenas intenciones, sacaron la cabeza los sectores fascistas que habían estado callados por varios años. En Santa Cruz, durante la primera semana, salieron con ganas de patear collas -y muchos lo hicieron. Amalgamando a varios de estos sectores medios vino el resurgimiento del sentimiento religioso en la política, las oraciones en cabildos, las oraciones de vecinos movilizados o de policías arrodillados y la Biblia en el palacio presidencial.

Los movimientos cívicos son la expresión multifacética de estas clases y de otras que se articulan con ellas. En Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, quien fuera líder de las juventudes cruceñistas, es a la vez el representante de una fracción del empresariado, comenzando con su propia familia, dueña del Grupo Nacional Vida. La crisis nunca fue una en la cual los empresarios en bloque se aliasen con las clases medias contra el gobierno y las clases populares. Es mucho más certero decir que una fracción de los empresarios estuvo movilizada mientras que otros estuvieron expectantes, algunos de los cuales cambiaron de bando cuando las perspectivas de victoria brillaban con más claridad del lado cívico. El 30 de octubre, el apoyo económico -al menos el que se hizo público- de las asociaciones empresariales (la Cámara Agropecuaria del Oriente -CAO- y Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz -CAINCO-, además de la fundación de Percy Fernández) comienzan a financiar las ollas comunes de los movilizados: 220 mil raciones fueron servidas en Santa Cruz hasta el 10 de noviembre. Aún cerca del 8 de noviembre, el padre de Camacho recrimina en una carta a la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), a la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz (FEPSC) y a CAINCO expresando su “decepción porque las instituciones que hoy dirigen ustedes no defienden los intereses legítimos de las empresas del Grupo Nacional Vida”, que estaría bajo la lupa de las autoridades. No es posible imaginar que los ganaderos, que proveyeron de altos dirigentes masistas en particular en el Beni (empezando con el gobernador Alex Ferrier) y que se acababan de beneficiar de un decreto supremo que autorizaba el desmonte y las quemas controladas, se hayan congratulado con las movilizaciones contra el gobierno. El líder de su confederación, Oscar Ciro Pereyra, festejó junto con Morales el inició de la exportación de carne a la China, en medio de los voraces incendios en la Chiquitanía. La banca, que se dio un festín de ganancias durante el proceso de cambio (de $US 44 millones en 2005 a 317 millones el 2017 -antes de impuestos-, según el Ministerio de Economía), parece haber visto la convulsión desde el palco, así como lo hicieron otros gremios. ¿Por qué las trasnacionales mineras se aventurarían a apoyar a una movilización contra el gobierno que les permitió ganar -según mis propios cálculos- US$ 1.100 millones en los pasados años? Los empresarios, dijo el ministro Romero, “están respaldando la candidatura del presidente Evo Morales, que lo digan abiertamente o no es otra cosa, pero lo están haciendo” ya que “no son miopes, saben a dónde apuntar y saben que Evo les garantiza seguir creciendo”. Otro gobierno evidentemente generaría un ambiente más favorable al empresariado en su conjunto, sin embargo, esto no es razón suficiente para que ellos se embarquen en aventuras políticas cuando los negocios van muy bien. La CAINCO sólo se sumó a los pedidos de renuncia de Morales el 10 de noviembre.

Los inesperados aliados de los empresarios liderando la movilización fueron el joven que fuera “heladero, escamador de pescado, peón de cooperativistas” e hijo de trabajador minero, Marco Antonio Pumari, y el maestro trotskista, Rodrigo Echalar, lideres cívicos de Potosí y Chuquisaca. Estos comités cívicos articularon en las protestas a estudiantes, cooperativistas mineros, trabajadores asalariados mineros y otros. Potosí, epicentro de sendos y largos paros contra el gobierno (por autonomía, mayor inversión estatal y la industrialización de los recursos de la región con beneficios para la misma, en particular en el caso del litio), es sin dudas la ciudad más ignorada por el gobierno en estos años. De hecho, la ciudad ya se encontraba movilizada en su totalidad una semana antes de las elecciones generales. La convergencia es sin duda circunstancial pero catalizada por su oposición al gobierno.

La policía nunca fue la favorita de Morales. Reemplazada de la guardia presidencial por las Fuerzas Armadas cuando éste asumió la presidencia, la policía no goza de los beneficios que fueron concedidos a éstas. No acceden, por ejemplo, a jubilación con el 100% del salario. Morales trató a los policías acorde a sus sentimientos generados en su época de dirigente sindical: hizo a un policía atarle sus zapatos en público hace unos años. Durante la reciente confrontación social, la policía se encargó de distribuir pollos a los trabajadores mineros movilizados en La Paz. Sus esposas se habían movilizado desde temprano en el conflicto y son con seguridad instigadoras del motín de sus esposos. El gobierno se dio cuenta del riesgo muy tarde. El 1 de noviembre hizo un pago extraordinario de Bs$ 3.000 a todos los efectivos. Los policías le llamaron “bono lealtad” pero no hizo el efecto esperado -tal vez incluso el contrario.

Las comparaciones son siempre odiosas, pero, tal vez porque no pudo o porque realmente no lo haría, Morales no mandó a las Fuerzas Armadas a reprimir a la población y de hecho la policía no fue brutal con las clases medias movilizadas. Los eventos en Chile dan una imagen clara de las diferencias en el uso de la fuerza ante la protesta.

Sin embargo, aparte de todos estos sectores movilizados hubieron otros muy importantes espectadores, o que pasaron a ser eso. Si excluimos la movilización del 28 de octubre, el grueso de la ciudad de El Alto sólo observó los sucesos de los eventos. Aquel estupor no fue en ningún lugar más grande que acá. ¿Cómo defender a un gobierno que muy posiblemente habría cometido un fraude? Faltaba la convicción moral de los que aspiran a la victoria, aquella que es el fundamento de los actos heroicos de la historia. El Alto, la ciudad morena y trabajadora, estuvo paralizada por la consternación de tal constatación y vio caer a su gobierno. El líder de la COB no estaba equivocado en pedir que el león despierte. Lo hizo, pero cuando Morales ya estaba de camino a México y cuando los policías sin empacho se quitaban la wiphala de sus uniformes y otra gente quemaba esta bandera en varias partes del país. La furia de El Alto fue como un huracán que arrasó en su paso, no antes de la caída de Morales sino después, el 11 de noviembre, 6 distritos policiales en pocas horas. “¡La wiphala se respeta, carajo!”, gritaba la gente. Muchos policías, en El Alto, y en otras ciudades pidieron perdón, incluso en aimara, al pueblo alteño. “Nos han llamado hordas, nos han humillado, han quemado la wiphala”. El pueblo alteño pide, en lo fundamental, respeto, que se les deje llamar con términos agraviantes como “vándalos” y que se pare la ola racista. En la Tamborada (Cochabamba), la estación policial también sufrió la ira de la gente. La histeria colectiva que hizo presa de las clases medias durante las noches del 10 y 11 de noviembre, en particular en La Paz, fue la excusa perfecta para tratar a gente humilde movilizada de forma organizada, pacífica o furiosamente, contra el racismo, a los militantes masistas con sus grupos de choque y a los vándalos con similar garrote. El país fue militarizado desde el 11 y la represión procedió con un significativo silencio mediático. No tardaron en producirse los primeros heridos. En Santa Cruz, se le dio una fiesta a la gente; en El Alto, en los barrios populares de algunas ciudades y en algunas poblaciones menores (Yapacaní en particular) la gente recibió el terror de la represión. La recuperación de la “democracia” tuvo lugar con el ejército en las calles. Los heridos y muertos fueron reportados primero en las redes sociales y muy lentamente por la gran prensa. Apenas hemos comenzado a contarlos.

Si bien no utilizó a las fuerzas represoras, por las razones que sea, Morales sí convocó a sus bases y a las organizaciones sociales a defender los resultados electores -el fraude. La soberbia entorpece el discernir. Aquel que da un rodillazo a un periodista en frente de muchas cámaras durante un partido de futbol es también el que creyó que podría cometer un fraude electoral sin que nadie se de cuenta. Bebieron demasiado del poder y se embriagaron. Aquellos que no reconocieron sus errores, que desconocieron un referéndum y que reaccionaron tarde al gran incendio de la Chiquitanía; aquellos que trataron con toda dureza a los que se les pusieron en frente, incluso a los dirigentes de organizaciones sociales alguna vez afines; aquellos, en fin, crearon las condiciones de su propia derrota. Y son ellos mismos los que regalaron una bandera política a la derecha y a los sectores verdaderamente conservadores que ahora asoman la cabeza. Tras una década de incrementos en los salarios, de mejora del nivel de vida de las mayorías nacionales, de ganancias extraordinarias para los empresarios, comerciantes y la banca, en fin, como decían ellos mismos, en un tiempo de “crecimiento y estabilidad económicas”, el MAS tenía las mejores perspectivas para seguir gobernando al país por varios años más, si no se obstinaba a forzar la candidatura de los insustituibles. Tras varios años, la oposición política no tenía aún la fuerza necesaria, ni el programa para ser eso, oposición. En su obstinación con creerse irremplazables no les importó poner a trabajadores y campesinos contra clases medias en un cuadrilátero. Son ellos los que apostaron a la confrontación civil para resolver la disputa. Son ellos los que replicaron y ampliaron la champa guerra incitada por los movimientistas durante su decadencia en los años 60. Son ellos los que abrieron las puertas a la reconstitución de las fuerzas conservadores:  tal como en 1964, ellos también tendrán su noviembre. Ellos, Morales y García Linera, son los verdaderos responsables de este gigantesco descalabro social y político. La historia les juzgará.

Se cierra un ciclo político y hay que hacer sonar su réquiem. Los procesos políticos rara vez encajan en los esquemas ideológicos prefabricados y hay que considerarlos en su complejidad. No podemos mirar al futuro sin mirar de frente a los errores del pasado. Cuando finalmente se produzca la crisis económica internacional, que ha estado en fermentación durante estos pasados años y respecto a la cual las políticas económicas del gobierno del MAS han convertido al país en más vulnerable, sonarán otras tonadas. Habrá que recorrer nuevos caminos. Por ahora, es tiempo de reorganización, de limpiar la casa. La resistencia popular ha comenzado.

13 de noviembre de 2019



Medios de prensa.
Todos los elementos mencionados acá pueden ser fácilmente corroborados revisando la prensa nacional, entre otros:
Periódicos: Página 7, El Deber, Cambio, La Razón, El Potosí.
Televisión: ATB, PAT, Red UNO, UNITEL, TVB.
Radio: Erbol, Panamericana, Fides, San Gabriel.
Prensa alternativa en redes sociales: Colectivo Curva, VosTv y varios otros.



[1] Geography and Environmental Studies
Carleton University
vladimirdiazcuellar@cmail.carleton.ca

sábado, 16 de noviembre de 2019

LOS SILENCIOS ENSORDECEDORES DE LAS POBLACIONES RACIALIZADAS DE AMÉRICA LATINA: HAITÍ Y BOLIVIA


Por Chryslen Mayra Barbosa Gonçalves
Recientemente, un compañero sociólogo haitiano (Frantz Déus) me llamó la atención sobre el texto del intelectual haitiano Handerson Joseph sobre la situación actual en Haití. El texto lleva el título "Silenciando el presente", parafraseando el libro "Silenciando el pasado" del antropólogo Michel Rolph-Trouillot. Para Rolph-Troillot los intelectuales silenciaron los procesos históricos haitianos y su importancia en el escenario internacional, ya que fue la primera Revolución Negra, la Revolución Nacional de Haití o la Revuelta de Santo Domingo (1791-1804), en contra de las fuerzas de Napoleón Bonaparte que sacó las tropas francesas. Joseph toma la reflexión crítica de Trouillot sobre el escenario actual y argumenta que silenciar la situación de Haití es un movimiento de silenciar el presente, un presente que late en relación con el pasado de lucha del pueblo haitiano.
Exactamente 215 años después de la Revolución Negra, el pueblo haitiano sale a la calle en defensa de sus derechos, contra los procesos de corrupción de la alianza PetroCaribe, por la renuncia del presidente Jovenel Moïse (presidente del país desde 2017), contra una inflación del 20%, el aumento del precio de la gasolina, de los alimentos y la devaluación de la moneda (gourdes). Esta información fue tomada de la publicación de Joseph, ya que la prensa internacional no está haciendo visibles los movimientos sociales de Haití. Ya hay más de 200 muertos y los conflictos duran meses.
Lo que quiero proponer aquí, a modo de reflexión, es cómo los medios internacionales han estado lidiando con los conflictos en ambos países, y cuando ubico a los "medios" destaco los llamados espacios de izquierda que proponen una reflexión crítica.
Hay dos formas de silencio: el silencio de lo que está sucediendo hoy con Haití es un silencio vacío, que performa la inexistencia de hechos y temas políticos. El silencio de los movimientos sociales de Bolivia, especialmente la ciudad indígena de El Alto, es uno de los que camufla las demandas políticas de los movimientos sociales con una avalancha de información. El silencio no es necesariamente una falta de información, el silencio en un rasgo colonial bruto, es la distorsión de las voces, la intelectualidad y las demandas de quienes gritan en las calles.
Bolivia pasó por el primer silencio, el vacío, en los medios internacionales hasta que Evo Morales renunció, a partir de entonces el silencio camuflado tomó la narrativa de uno de los dos triunfalismos (como lo expresó Silvia Rivera), o el triunfalismo que pone a Evo Morales en una posición salvadora del pueblo boliviano y eso no señala sus contradicciones, asociando cualquier movimiento contrario como imperialista; o el segundo triunfalismo, que niega todos los logros de los gobiernos de Evo Morales y pide el retorno de una "democracia" a partir de la intervención imperialista internacional, con el apoyo de Luis Fernando Camacho (un empresario fascista de Santa Cruz de la Sierra), para este segundo triunfalismo todo lo que sea contrario a su proyecto de gobierno (de la Biblia y la bandera republicana tricolor) está asociado con el Movimiento al Socialismo y Evo Morales, por lo tanto: comunista (y eso ellos tampoco saben de qué se trata).
Todo lo que existe en la intersección de esta polarización está silenciado, con una avalancha de información distorsionada o un vacío de noticias. Los medios de comunicación internacionales (y nacionales, en el caso de Bolivia) han sido un grito que ahoga las voces de las bases que se encuentran en las calles de Bolivia, y también el aliento que amortigua las voces de los movimientos sociales haitianos, que no es más que dos párrafos en los periódicos brasileños, esos sujetos son caracterizados como caóticos, violentos, mientras que los sujetos de los movimientos sociales chilenos y ecuatorianos son caracterizados como “intelectuales orgánicos” y con conciencia de clase, una reflexión que tomo prestada del intelectual haitiano Handerson Joseph.
Lo que me parece al menos intrigante (si no escandaloso) es que los países que pasan por estas dos formas de silenciamiento se encuentran entre los países con la mayor población racializada, Bolivia con la mayor población indígena y Haití con la mayor parte de la población negra. Ecuador, y especialmente Chile, han construido históricamente un estereotipo como naciones blancas (aunque sabemos el número de poblaciones racializadas en estos países), además, son países económicamente mejor posicionados que Bolivia y Haití, estos últimos todavía están sujetos al subimperialismo de los países latinoamericanos (recordemos las fuerzas militares brasileñas en Haití y la empresa constructora OAS que financió la construcción de la carretera que cruza la Tierra Indígena y el Parque Nacional Isibóre Sécure en Bolivia durante el gobierno de Evo Morales). Ante esto, me pregunto: ¿cuáles son los intereses de los medios internacionales para mantener estos triunfalismos en lugar de dar voz a las bases populares?
¡Los intereses de la derecha son explícitos! ¿Pero qué hay de la izquierda? Con respecto a Bolivia, desde los movimientos para la Revolución Nacional de 1952, la izquierda de vanguardia tradicional siempre ha tenido dificultades para abordar el problema racial, haciéndolo secundario. El intelectual quechua-aymara Fausto Reinaga hizo esta crítica en sus libros en los años 1970-1971 (libros que tampoco son referencias "clásicas" de nuestros cursos de Ciencias Sociales), para Reinaga el gran problema de la izquierda era ignorar las demandas de los indígenas y hacerlos invisibles como sujetos históricos. Es por eso que la Reforma Agraria de 1953 generó tantas contradicciones, porque no entendió (y no propuso entender) las formas de organización territorial de los ayllus, aymaras y quéchuas. Por esta razón, también, las políticas de Evo Morales no fueron efectivas como un "proceso de cambio", tomando la agenda indígena como "pantalla", sin respetar la autodeterminación que ambos evidenciaron como bandera política (como fue el caso, por ejemplo, del TIPNIS, de la nación Qhara Qhara, de los cocaleros de los Yungas y de los vecinos de Achacahi, ya citados en textos que escribí con Roger Chambi). La izquierda latinoamericana siempre ha sido y sigue siendo colonial, esto solo cambiará cuando sus intelectuales se den cuenta de que no se puede pensar por separado la clase y la raza, cuando toman a los intelectuales un poco más racializados como "intelectuales orgánicos" no solo de la condición local, pero de la coyuntura internacional.
Michel Rolph-Trouillot, en el mismo texto citado por Joseph, explica que era impensable para la intelectualidad haitiana, y en el extranjero, que los negros esclavizados lucharan por la independencia de un país como sujetos históricos. Era impensable no porque los negros no pudieran construir una revolución en sus propios términos, sino porque la intelectualidad se resistió a suponer que la revolución podría no tener las caras blancas que los cuentos occidentales insistieron en ilustrar. Son precisamente sobre los sujetos políticos de la revolución "impensables" que se han constituido los silencios actuales, nuestro deber político es hacerlos no solo "pensables", sino también referencias a la lucha.
Es necesario racializar la epistemología de la izquierda, oscurecer sus métodos e indianizar a sus referentes. Solo así la izquierda puede auxiliar a desmantelar los silencios que cortan las venas de Abya Yala.



martes, 12 de noviembre de 2019

MÁS ALLÁ DE LAS DICOTOMÍAS


Por Roger Adan Chambi Mayta
“¡Han perdido a su mejor líder!” “¡Ahora volverá la derecha!” “¡Pobres indígenas!”, son algunos de los comentarios que recibí de parte de algunos amigos en Brasil después de la renuncia de Evo. Para muchos aquí, Evo Morales representaba ese gobierno de izquierda, progresista, anticapitalista y sobre todo ¡el principal defensor de los pueblos indígenas y del horizonte del Vivir Bien! A la primera crítica ya me tacharon de ser defensor del golpe del ex presidente indígena.
 “Si se va la izquierda vuelve la derecha, ¿Eres de izquierda o de derecha?” me pregunta un amigo por el messenger. Otra vez la típica y simple dicotomía que pretende poner a unos en el bando “revolucionario” y a los otros en los reaccionarios. Como si las cosas fueran así, tan simples, como si fuera solo cuestión de ponerse un título ideológico. Ahora bien, entiendo que estas lecturas responden a la idiosincrasia brasileña, mis amigos me hacen preguntas y juzgan en un ejercicio de analogía de lo vivenciado con Temer y Bolsonaro, no los juzgo. Pero estamos hablando de Bolivia, de un país que tiene una larga tradición de luchas indígenas y donde la izquierda y derecha siempre respondieron a ese sector blancomestizo racista y discriminador con los racializados.
Por eso les digo a mis amigos que, no se extrañen de la existencia de aymaras críticos al gobierno de “izquierda” de Evo Morales y que no por eso somos defensores de la derecha
¿Hay reaccionarios que quieren hegemonizar la coyuntura de violencia para su provecho? Es evidente ¿Bolsonaro y Trump estarán celebrando este contexto? No lo dudo. Pero ¿por temor a eso debimos haber continuado con Evo un cuarto mandato? ¿Por eso teníamos que seguir mirando como surgen nuevos ricos blancomestizos a nombre del gobierno indígena? ¿Por eso teníamos que soportar la instrumentalización de nuestra historia, de nuestra cultura para beneficio de unos cuantos?
“¡Pero piensa a nivel estructural, el sistema mundo, el imperialismo!” me cuestiona mi amigo, y es cierto, hay que pensar a nivel macro. ¡Pero los primeros que debían haber pensado en esas consecuencias  eran los del gobierno! Ellos fueron los que sacrificaron el llamado “proceso de cambio” al no construir nuevos liderazgos legítimos que continúen su gobierno. ¡Un cuarto mandato aparte de ilegal era intolerable! Escuché una vez decir a un abuelo Aymara que “Evo se dice indígena, pero no cumple las prácticas de la comunidad, las autoridades siempre tienen que rotar, por salud”; me decía. Y ahora me pregunto, tanto hablaban los del gobierno del Vivir Bien, ¿hasta qué grado un cuarto mandato nos acercaba a un Vivir Bien? ¿Se habrán hecho esa pregunta los masistas? ¡Claro que no! ¡ni les importaba!
Pero ya, Evo no está más en el país y dejó a su pueblo que dice amar, en medio de fuertes convulsiones sociales. La wiphala, bandera histórica de los pueblos andinos, se quedó erróneamente como sinónimo del MAS. Su gente que tanto lo respaldaba en redes sociales ya no dicen nada. Pareciera que están felices viendo cómo el pueblo se anda enfrentado después de sus tácticas instrumentalizadoras. Los reaccionarios queriendo aprovechar el momento no dudaron en quemar la Wiphala y amedrentar a todo aquel que sea racializado
Es importante decir que Evo en sus últimos días de presidencia ha llamado a las comunidades indígenas a proteger su gobierno (repleto de gente no indígena) y ahora que no está más en el país, dejó a la población confrontada, con dolor en las calles.
Pero hay resistencia, veo desde la pantalla a mis hermanos y hermanas aymaras en las calles de la ciudad de El Alto, apoyando las manifestaciones en contra del discurso discriminador, gritan ¡No más racismo! ¡Respeto a nuestros símbolos! ¡El Alto de pie, nunca de rodillas!  
Después de la renuncia del Presidente la población no se quedó de brazos cruzados. ¡Evo se fue pero tampoco se aceptará un Camacho!
 “Evo era la esperanza en Latinoamérica” me dicen aquí. ¿Será que era Evo mismo? ¿Era la persona? Considero que la lectura ha sido equivocada, no fue Evo, el caudillo, la esperanza latinoamericana, sino aquello que representaba en un inicio. Un racializado de clase media baja, parte de una nación indígena de tradición insurreccional que llegaba al poder.
La esperanza latinoamericana viene de esos pueblos, como la alteña en este momento, que se han despejado de esas simples dicotomías de izquierda vs derecha y que salen a las calles a defender sus derechos, su familia, su trabajo, sus símbolos, su historia, su país.  
12/11/2019


domingo, 10 de noviembre de 2019

OS PERIGOS DA POLARIZAÇÃO: PROVOCAÇÕES SOBRE A RENÚNCIA DE EVO MORALES


Por Chryslen Mayra Barbosa y Roger Adan Chambi 
Chamamos a atenção para a necessidade de um exercício analítico crítico para compreender o processo político da Bolívia, porque fora da Bolívia existe uma ideia romantizada do governo de Evo Morales por se tratar de um “governo indígena”. No entanto, os sujeitos das atuais insatisfações são também aqueles responsáveis pela ascensão de Evo Morales e de seus projetos políticos mais exitosos.
Após os resultados prévios das eleições de 2019, intensificou-se na sociedade boliviana as dicotomias coloniais e históricas (brancos X índios, ocidente X oriente, urbano X rural-camponês) criando uma confrontação entre o povo boliviano fomentada tanto pelo oficialismo quanto pela oposição. O governo de Evo Morales construiu um discurso de auto-identificação (e dos próprios aliados) como indígenas e pró-indígenas, enquanto que a oposição seria identificada como a priori racista e branca (q’ara).
No dia 21 de fevereiro de 2016, no referendum de habilitação para as eleições de 2019, Evo Morales não conseguiu modificar a Constituição para o seu quarto mandato. Todo este cenário mostrou um Evo Morales que insiste em se manter no poder, elemento que para as formas de organização políticas dos aymaras e quechuas é no mínimo digno de desconfiança, visto a rotatividade necessária do poder para estas populações que Evo Morales diz representar. A manutenção forçada de Morales põe em perigo o “proceso de cambio” que o próprio MAS sempre defendeu.
Tudo indica que Evo Morales não conseguiu os 51% necessários para ganhar as eleições no primeiro turno.
Evo Morales convocou os movimentos indígenas (mineiros; ponchos rojos; sindicatos campesinos) para defender a sua bancada composta majoritariamente por políticos brancos. Esta conjuntura mostrou, também, o uso instrumental dos atores indígenas e do discurso indígena por parte do governo, uma vez que foram os próprios indígenas os afetados pelas confrontações violentadas nos conflitos de polarização.
Este contexto motivou que cidades como El Alto e universidades como a Universidad Publica de El Alto – UPEA (cidade e universidade importantes politicamente na Bolívia), que no princípio se mantiveram “neutras”, ontem decidissem se somar aos protestos e exigir a renúncia do presidente, evidenciando que não se colocam em favor da postulação do segundo candidato Carlos de Mesa. Isso demonstra que a dicotomia criado por Evo Morales é falsa, porque muitos indígenas se mobilizaram em favor da renúncia do presidente.
Nos últimos dias todo o Movimiento al Socialismo (MAS) perdeu força e a liderança de Evo Morales se debilitou por completo, sobretudo por acontecimentos violentos como o de Vila Vila, Potosí e Oruro. A violência na ala da oposição à Evo Morales também aconteceu, em especial contra a prefeita de Cochabamba Patricia Arce e à irmã do presidente.
Há poucas horas Evo Morales e Alvaro Garcia Linera manifestaram suas denúncias pelos meios de comunicação, aludindo um golpe de Estado e sem mencionar os conflitos que há muitas semanas acontecem em território boliviano. Os meios de comunicação da América Latina tampouco deram ênfase à insatisfação dos últimos tempos e às manifestações e cabildos que a população tem feito. Deste modo, a notícia da renúncia chega aos ouvidos dos companheirxs de outros países como algo que eclodiu do nada, sem contextualizar as lutas do TIPNIS, dos Yungas, de Achacachi e as diversas insatisfações dos últimos meses.
Evo Morales renuncia e deixa uma Bolívia dividida politicamente e racialmente, tão dividida quanto a Bolívia do Outubro Negro, a mesma Bolívia que o elegeu para sanar os problemas coloniais que assolam o país historicamente.
Sabemos que a polarização é um terreno fértil para o fascismo, sabemos mais que nunca isso no Brasil de hoje, e por isto não estamos de acordo com figuras que utilizam a insatisfação política do povo em benefício de pautas que privilegiem os interesses de grandes latifundiários e da grande elite colonial, como é o caso do senhor Camacho, quem com a bíblia na mão fala de democracia e liberdade, ou como a recente ação de policiais que cortam e queimam a whipala (bandeira indígena) em nome da República.
Não é Evo Morales quem sofre um golpe hoje, mas sim toda a população boliviana que mais uma vez é assolada pela dicotomia e pela violência colonial da polarização de classe e raça, polarização fomentada pelas políticas “falhas” do governo de Morales e que hoje tem sido utilizada pela extrema direita ao seu bel-prazer.


domingo, 27 de octubre de 2019

LAS SEÑALES SIMBÓLICAS EN EL PROCESO DE CAMBIO


Por Aldo Bailey[1]

En el contexto actual de la situación política de Bolivia, las señales de los símbolos que vaticinan que los problemas que se está viviendo estos días ya fueron del conocimiento telúrico de los y las sabias (amautas) de los andes en Bolivia.
“Los signos y símbolos permiten transmitir ideas en todas las culturas, desarrolla exigencias de comprensión y proporcionan facilidad de percepción y memoria. Los símbolos pueden componerse de información realista, extraídas del entorno, fácil de reconocer, y poseen el significado que se les asigna. Cuando no tienen semejanza física con la información que representan, su significado lo es por acuerdo social. Los signos son menos complicados que los símbolos. El símbolo en cualquiera de sus formas codificadas supone siempre un mensaje que requiere intérpretes cualificado para extraer su significado y lo que expresa en las diferentes culturas” (Florián Yubero).
Recordando un poco las interpretaciones simbólicas que no tomamos en cuenta, escribo este pequeño artículo desde el análisis de lo simbólico que es una de las vertientes que más me agrada de la antropología como ciencia que busca dar respuestas a los hechos de la realidad.
Estos últimos días en reunión con una de las autoridades de la Jurisdicción indígena la hermana Amauta Marcela Quisbert Pillco, nos contó que un anciano de su comunidad soñó un sueño en la que dos serpientes grandes se estaban peleando, y según interpretación de ella, dice:
“cuando las serpientes se pelean, las dos mueren”
Estos días caminando por las calles en efervescencia por la situación irregular del proceso de votación en las elecciones generales para presidente en mi país escucho los estribillos “Evo, Evo cabrón sos un hijo de p…, la p… madre que te pario, en un bloqueo realizado el día viernes en mi zona se repite este estribillo en boca de unas “señoritas” de la zona sur, me acerco a ellas y les pido por favor que no se expresen de esa manera, ya que ninguna madre es puta, por muy puta que sea, es una madre y todos somos hijos de éstas madres, ahí recordé el sueño y vi como el veneno de estas serpientes se destila por la boca de estas mujeres, veneno que terminara matando a nuestras sociedades.
A partir de estos hechos veo estas dos serpientes en plena conflagración, este veneno que se destila desde los dos bandos en disputa generalmente decanta en agresiones físicas que son azuzadas desde los discursos gubernamentales llamando a la racialización de protesta.
Aquí otros elementos que creo son pertinentes para entender un poco el contexto de los resultados de la votación y las advertencias de los sabios amautas de mi país.
Edmundo pacheco amauta que participo en los actos de posesión en la ceremonia de Tiahuanaco en una entrevista dada a ERBOL, explicó las cuatro señales que él interpreto y que indican que Evo Morales no podrá prolongarse en el poder. Asegura que son mensajes infalibles dentro la cosmovisión Aymara.  
“Han pasado siete patos negros encima de la cabeza de Evo Morales del noroeste al poniente, y el poniente es el símbolo de la muerte. Entonces yo le dije a un abuelo han pasado siete pájaros negros, es mala señal, él me dijo con palabras muy andinas que no toque nada y me quedé quieto”.
Otra de las señales que él interpretó en el mismo acto, es el de los Keros caidos.
En pleno acto realizado el mismo día en Tiahuanaco el ya fallecido Padre Sebastián Obermier rompiendo el protocolo quiso ir a saludar a las autoridades y el entonces el ministro Pablo Groux hizo caer los braseros con fuego.
“y al salir, del lado izquierdo, pateó dos keros (braseros) que estaban prendidos con fuego y cayeron al piso. Ahí es la señal más fuerte, la caída de los dos mandatarios, presidente y vicepresidente”.
Otro de los mensajes simbólicos es el de la perdida de la medalla presidencial.
“Ahí también la señal es muy clara, en un prostíbulo un personal militar totalmente fuera de contexto. Eso está mostrando que la naturaleza ya le arrebató el poder energético de los achachilas, de los apus. (…) Un Mandatario se ha ido (al aniversario de las Fuerzas Armadas) sin medalla presidencial, sin su banda y sin su bastón, el ejemplo es claro”
La pérdida del zapato derecho en el acto de inscripción de binomio Evo Alvaro
“Este hecho significa que alguien está cerca y representa una amenaza para los objetivos de Morales. Advirtió que no es un detalle menor que se le haya salido el zapato derecho”
El mismo amauta en declaraciones a ERBOL dice:
“Te está mostrando señales bien fuertes de que este gobierno no va más. El poder no se lo hemos quitado los amautas ni los yatiris ni los brujos, nadie, la naturaleza le ha arrebatado, que quede muy claro”
Otro de los acontecimientos recientes suscitados en el incendio de la Chiquitania cuando nuestro aun presidente se perdió en medio del bosque en llamas nos hace intuir que perdió el camino y recientemente el enjambre de moscas en la avenida Mariscal Santa Cruz en pleno centro de la ciudad fenómeno inusual según la tradición popular esto es un K´encherío (símbolo de mala suerte).
Estas y otras señales que desde lo occidental no son interpretadas, en la sabiduría ancestral son claros símbolos de que este proceso ha llegado a un fin de ciclo y que por angurria de poder no se está haciendo caso, esto parece que inevitablemente nos llevará a escenificar el sueño de las dos serpientes en lucha, por un lado la serpiente de los así denominados opositores y la serpiente del oficialismo en lucha fratricida, estamos viviendo un clima de incertidumbre y caos  que afectará a la convivencia pacífica de nuestra sociedad.


[1] Responsable de relaciones interinstitucionales de la Asociación Departamental de Antropólogos de La Paz


sábado, 26 de octubre de 2019

BREVES REFLEXIONES SOBRE LAS ELECCIONES, EL MESTIZAJE Y LA LUCHA EMANCIPADORA SOCIAL


Por Young-Hyun Kim

Este ensayo es mi reflexión como intelectual e historiador que ha investigado las luchas populares de emancipación social en Bolivia. Digo que solo quiero ofrecerles unas perspectivas que vienen físicamente a la distancia (Corea del Sur en este momento), pero con profunda simpatía a las/os amigas/os, hermanas/os, jilatas y kullakas de Chukiyawu-El Alto-La Paz que es la mejor parte de mi mundo.
La política boliviana continuará siendo polarizada y tambaleante como es fácil predecirlo. Es interesante reflexionar sobre cómo Evo Morales surgió como símbolo del “triunfo de los vilipendiados” (Víctor Oporto Ordóñez, 2002) durante los años 1990 y cómo se ha convertido – desde las perspectivas de no un pequeño número de ciudadanxs – en el último representante de “la vieja politiquería” en los recientes años. Mucha gente tenía gran esperanza del experimento notable del Estado Plurinacional con respecto a la posibilidad del nuevo horizonte de descolonización. No es raro que proyectemos nuestros anhelos y visiones sobre un político que encarna ciertas imágenes del cambio progresivo. Con frecuencia buscamos algún partido o líder político, cuya llegada al poder sea idéntica al cambio social que verdaderamente queremos como si él pueda solucionar los problemas complicados de la sociedad de la noche a la mañana. Es como el mesías salvador, o el profeta que proclama el destino inminente. ¿Hay cualquier advertencia contra “falsos profetas”? Quizás, para parafrasear los versos de J. Cole (2016), sea una culpa de la sociedad por idolatrar a un político que se presenta como indio. “Hubo un tiempo en que él era un héroe, tal vez. Esa es la razón por la cual su caída en desgracia es difícil de tomar.”
Bueno, sea el presidente Mesa o el presidente Morales, la emancipación social no es idéntica a cualquiera de ellos. Reflexiones intelectuales serias señalan que, en varios momentos de la historia, son las bases de la sociedad las que son el motor de la lucha emancipadora (p. ej. los comunitarios indios de 1780-1781 y 1899, los caciques-apoderados, colonos y comunarios de los años 1930s-1940s, los mineros, los indianistas y kataristas de los años 1970s-1980s, y los luchadores del 2000-2003). Tengo un horizonte antiestatal y soy crítico a la política nacionalista que quiere combinarse con el proyecto de estado-nación. Por eso estoy poco cansado de los debates políticos que revelan las obsesiones con quien (no) debe ser el presidente, en vez del pensamiento sobre cómo se enfrentan las contradicciones y las injusticias que el Estado perpetuará y nuevamente producirá bajo la bandera de “la revolución democrática” (MAS) o “la democracia restaurada” (CC). La democracia liberal es tan engañosa que las elecciones fomentan más juegos de politiquería para ganar como en partidos de deporte que el proceso emancipador para eliminar las causas estructurales de varias formas de exclusión social. No vuelvan a hacer el error de identificar a un líder político con la democracia, la revolución, y la emancipación. La emancipación social democrática no viene de gente como Carlos Mesa, Doria Medina y muchos otros representantes de la casta aristocrática y sus afiliados sino de lxs ciudadanxs que saben constante y permanentemente interpelar al sistema de poder que quiere imponerse sobre ellxs.
Como argumenta Raquel Gutiérrez Aguilar (2008; 2017), hay que concebir la política y la democracia más allá de la del Estado. Esta forma de política y democracia, en mi opinión, proviene de los movimientos de amplias masas que nunca dejan de interpelar al gobierno, de producir sus conocimientos acerca de la sociedad, de expresarlos haciendo frente a injusticias sociales capitalistas y (neo) coloniales, y de tumbar el poder político que perpetua aquellas injusticias. Si bien tal forma de política y democracia puede ser subordinada a una forma estatal que se conecta con “la democratización social” como teoriza René Zavaleta Mercado (1986), hay fuerzas sociales que no pueden y no deben ser subordinadas así.
Como escribía recientemente Carlos Macusaya (http://jichha.blogspot.com/2019/10/elecciones-e-identidad-indigena-antes-y.html), “lo indígena” ha dejado de ser “un elemento cohesionador de mayorías” en el contexto político boliviano durante los últimos años. Aunque se perpetúan varias formas de exclusión social que se vinculan estructuralmente al pasado colonial y el colonialismo interno actual, hablar de “lo indígena” como parte de la política emancipadora se ha hecho un tanto controvertido y de doble filo en parte por la política oficialista que ha selectivamente incorporado los símbolos y movimientos indígenas a su sistema de gobernación que produce sus propias formas de autoritarismo, corrupción y politiquería. ¿Alguien quiere proponer que haya que volver al modelo de mestizaje? ¿Quiere volver a forjar una homogeneidad cultural-social de un modo totalizante, negando el hecho obvio de que se estructura la sociedad desigualmente a lo largo de las líneas de división étnica racializada y de clase? Cualquier discurso de homogeneidad mestiza (Mesa 2013 + García Linera 2014) pierde vigencia a la luz de la realidad social en que unos nacen con todas las comodidades de la vida y otros tienen que trabajar en las calles desde la niñez y se superpone esa diferenciación socioeconómica con color de piel (¿Algunos jailones que anden en la Ceja, tal vez?). Bueno, hay una propuesta de “indianizar el mestizaje” como propone Silvia Rivera Cusicanqui (2010; 2018) con su concepto de “ch’ixi.” La verdad es que vivimos con diferentes herencias culturales y sociales que se nos han puesto a nuestros modos de comportarnos, pensar y vivir a través de las relaciones interculturales, de inter-clase y de inter-género que pasan en nuestra vida. Así somos con “manchas” innumerables que han dejado sus marcas en nuestro comportamiento, pensamiento y vida con todas las implicaciones de la relación de poder vinculada al colonialismo (interno), imperialismo, patriarcado y a muchos otros sistemas que producen y reproducen las desigualdades y las injusticias sociales. En ese sentido, existe un mestizaje, pero nunca produce una homogeneidad y soluciona permanentemente las contradicciones derivadas de la relación de poder incrustada en cualquier forma de mestizaje. Saben que el mestizaje es un proceso bien doloroso que implica dominación, violación y explotación. (¡Nunca produce una raza cósmica que viva en armonía!)
Las recientes movilizaciones en Chile y Ecuador demuestran que el sistema de opresión y explotación capitalista salvaje neoliberal alineado con castas políticas nunca deja de intentar imponerse sobre las masas. Espero que esas masas nunca pierdan su capacidad para interpelar y derrotar al sistema opresivo y explotador. Si bien hay gente que aún cree que el MAS representa una revolución contra ese sistema, la verdad es que su Estado encarna más lo que Eduardo Gudynas denomina “el extractivismo progresivo” que a pesar del adjetivo “progresivo,” significa una forma política económica de desarrollo que destruye la naturaleza y viola los derechos territoriales de las naciones indígenas amazónicas. Ya se ha aclarado tras los conflictos del TIPNIS que el MAS no quiere a los indios que interpelan a su monopolio de poder y a sus programas que engañosamente se han denominado “Socialismo Comunitario.” Bueno, hay sectores marginales rurales y barriales que han beneficiado de la política del MAS. No quiero negar que Evo Morales significa un verdadero cambio para no un pequeño número de personas. Como historiador, me pregunto harto cómo esta época de Morales se recordará en el futuro. La revisión de los casos de otros países (Evita y Perón en Argentina, Salvador Allende y Augusto Pinochet en Chile, Alberto Fujimori en Perú, etc.) puede ayudarnos, pero para siempre hay que reflexionar basado en las experiencias históricas de varios individuos y colectivos distintos en relación con otros.
Quienes Jorge Sanjinés (1989) denominaba “la Nación Clandestina” ya no son clandestinas ya que se ha visibilizado poderosamente en la forma de poder económico de comerciantes aymaras en los últimos dos o tres décadas. Ya no son las naciones clandestinas el aymara, el quechua, el guaraní, el uru-chipaya, y muchas otras que se han visibilizado por sus luchas por los derechos y libertad. Sus fuerzas no van a desaparecer con facilidad independientemente de quien gobierna como demuestra la historia de la resistencia subalterna en diferentes lugares y épocas. Bueno, habrá los historiadores, en mi opinión, que identifican este proceso de la visibilización de las naciones anteriores clandestinas con el poder representado por Evo Morales. Para unos, será así. Pero no dudo que habrá gente que tiene la conciencia del rol decisivo de las fuerzas históricas más importantes. Hay que recordarlo.
Con mi profunda simpatía
Baram
Young-Hyun Kim

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