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jueves, 16 de abril de 2020

SIN VERGÜENZA

Por Sergio Nina
“¿Te quieres quedar pobre?”, “aquí no hay progreso”, “¿no quieres tener un mejor futuro?”, “debes ser un líder, un triunfador”. Son algunas de las frases que repetidamente escuchaba desde que era una wawa (un niño).


El hecho de haber nacido donde en algún tiempo fue el bastión de las luchas mineras de Bolivia; pero que también era el reflejo de su miseria, en una de las regiones que en su seno tiene al pueblo, “al ayllu”, que han resistido durante siglos.

Me quisieron hacer creer que mi procedencia no era motivo de orgullo, ya que mi madre fue una obrera, mis tíos mineros, mi abuela campesina y eso significaba que tenían las peores condiciones de vida que puede tener una persona, mis raíces eran motivo de desprecio, de vergüenza.

De todas las formas y de todas las maneras, el mensaje que me transmitieron fue que yo no debía vivir en el campo, que la única forma de alcanzar la felicidad, el éxito y la autorrealización, era “viviendo en la  gran ciudad”.

Por eso, muchas y muchos nos concentramos en obtener un título profesional o un oficio  y escapar de los “pueblos” buscando un lugar en las ciudades. Si se puede en las grandes metrópolis que hay fuera de este país, porque nos enseñaron que ahí está la felicidad, ahí está el vivir mejor. Así te lo dice la sociedad y cada vez ese mensaje es más fuerte en los medios de comunicación, que te venden ese sueño, mostrándote  los lujos y las comodidades que tienen las grandes ciudades.

Todo este tiempo han querido que pensemos que vivir en la ciudad es mejor, han querido que nos avergoncemos de nuestras raíces indígenas, de que ser campesino (que trabajar en el campo) no es digno y no es humano, de que el modelo de vida de los pueblos (del ayllu) no es una opción de sociedad.

Sin embargo, si uno nota que la primera característica de estos centros urbanos es que tienen una alta concentración de personas, por lo cual atender sus necesidades, demandas, comodidades es muy difícil. Sus altos índices de violencia y de injusticia posiblemente puedan ser justificados por que “ahí hay más personas” pero denotan la pérdida o la ausencia de valores especialmente la convivencia comunitaria.

El manejo de los residuos tanto líquidos como sólidos suelen acabar en desastres ambientales.

El acceso a servicios básicos puede ser una cuestión muy deficiente, para que puedas ejercer tus derechos como la educación y la salud tienes que luchar diariamente.

Los últimos acontecimientos nos van demostrando que vivir en la ciudad no es lo que pintaban, ya que vamos notando, con mayor fuerza, que las desigualdades son más fuertes, el peligro y riesgo es más cercano por que a mayor concentración de personas, menor capacidad organizativa, y menor cantidad de oportunidades al acceso de servicios vitales.

También vamos comprobando que las personas que viven en el campo son los que piensan y sienten de una forma más comunitaria buscando la satisfacción de las necesidades  y el ejercicio de derechos para la colectividad, que tienen  mayor capacidad organizativa, mejores prácticas de manejo de residuos, QUE SON LAS Y LOS QUE GARANTIZARAN LA ALIMENTACIÓN SANA Y ORGÁNICA.

Yo no tengo vergüenza de mi procedencia y de mis raíces si no ratifico el gran orgullo que tengo  por mis ancestras y ancestros, por el modelo de vida del ayllu que dirige mi camino.  

Soy  indio, soy campesino, soy sin vergüenza.
Fuente: Sergio Nina

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1 comentarios:

  1. Tienes bastante razón Sergio, la felicidad no está en la cuidad y tampoco lo está en un título... De nuestras raíces hemos aprendido muchas cosas empezando con valores y principios que en la cuidad les vale, debemos unir más a nuestra gente enseñarles que ser campesino es una de las mejores cosas que en la ciudad no hay

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