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miércoles, 28 de septiembre de 2016

LAS TENSIONES IDENTITARIAS DEL INDIANISMO - KATARISTA. Una crítica fraternal a los nuevos críticos


Por  Gustavo Adolfo Calle Laime *

En ese sentido, el indianismo-katarista puede entenderse como una corriente ideológica con sorprendente capacidad  de renovación, capaz de revitalizarse, de repensarse en función al paso del tiempo, y, paradójicamente, incapaz de ver los efectos de esa renovación en la identidad “india”.

Quién gusta de las ideas políticas, seguro ha mirado absorto, en medio de un conjunto de ideologías convencionales (marxismo y liberalismo por ejemplo), como la ideología indianista-katarista ha logrado remozar en los últimos tiempos el debate político en torno al  “ser indio”. La atención se ha disparado sobre los escritos de una juventud aymara-quechua[1], tanto en la academia como en medio de los seguidores de esta corriente. Y, como es evidente, a la fecha, los remozados argumentos han encontrado un espacio de acogida con muchos aplausos y pocas críticas[2].

Gustavo Adolfo Calle
 Y, es que, la sola construcción argumentativa de esta nueva generación es apabullante, “excitante”, casi “obnubilante”; en ese sentido, se podría decir, que la forma como se presenta el discurso de la nueva generación de indianistas-kataristas es tan potente que obstruye una mirada más acuciosa de los contenidos de sus discursos; tal vez, por eso,  la crítica  no ha logrado aún edificarse sólidamente. Pero más allá de este detalle, lo cierto es que esta corriente, contiene una cualidad que paradójicamente sino se auto-administra puede terminar frenando su inmensa vitalidad. Me refiero a la capacidad de renovación de sus argumentos, de sus críticas y posiciones respecto a la identidad “india”.

En ese sentido, el indianismo-katarista puede entenderse como una corriente ideológica con sorprendente capacidad  de renovación, capaz de revitalizarse, de repensarse en función al paso del tiempo, y, paradójicamente, incapaz de ver los efectos de esa renovación en la identidad “india”.
Partamos de dos constataciones básicas:

Primero,  en medio de ideologías izquierdistas y aún liberales, el indianismo tiene la impresionante  virtud de no vivir petrificado, de no entenderse como un monasterio donde el dogma es la regla. Una crítica que se puede hacer a muchos izquierdistas, es que, muchos de ellos no soportaban la presencia de “reformistas” en medio de sus filas, y por lo tanto, tendían a invalidar los esfuerzos críticos de muchos de sus militantes,  por eso  muchos “renegados” abandonaban sus filas, abanderándose posteriormente un “neomarxismo crítico”.

Segundo, el indianismo-katarista de esta nueva generación, jóvenes en su mayoría, aún no logra ver las fronteras de sus argumentaciones. Es decir, en medio de un aplaudible espíritu crítico, no logran condensar horizontes claros respecto al ser “indio”. En ese sentido, de-construyen los conceptos con los cuales se los identificaba, y rellenan el vacío provocado, con una serie de conceptos que colocan la identidad india en la incertidumbre.

En ese sentido, creo que los remozados argumentos de esta nueva generación, han aperturado y quebrado los significantes dominantes sobre la identidad india, por lo menos en el terreno de las ideas políticas, y por eso el éxito de éstas en los espacios académicos, siempre tan necesitados de innovaciones[3].

En esa línea, considero que uno de los mayores problemas de esta ola renovadora, está en el hecho de que en su intento de “de-construcción” de los conceptos hegemónicos del “ser-indio”, dados principalmente desde los “otros”[4], llenan el vacío provocado con una serie de argumentos muy cercanos al liberalismo-individualista[5].

Así, muchos de estos intelectuales ayamara-quechua, hablan, intencionalmente o no, de un ser “indio” altamente individualista[6], que genera lazos interétnicos, afectivos entre quienes se declaran indios, pero no clasistas; de ese modo,  celebran la irrupción de nuevos q`amiris, de burguesías  comerciales aymaras principalmente, pero no critican las lógicas de explotación al interior de sus espacios económicos. Por eso, por ejemplo, el cooperativismo es una expresión necesaria de iniciativas indias y no un espacio de explotación[7]. La oda al  indio “real”,  individualista, competitivo, “racional”, orgulloso de su identidad y su crecimiento económico, viene a remozar muchos de los argumentos de esta  nueva generación.

La nueva generación de indianistas–kataristas está quebrando el espacio público, no cabe duda, pero hay que advertirlo, lo está haciendo desde argumentos muy cercanos al liberalismo individualista[8]. Peligroso, en cierta medida, pues resulta muy funcional al sistema de relaciones capitalistas; relaciones que afirman la competencia desleal entre agentes económicos, la explotación humana y la exclusión de aquellos que no logran sobrevivir a la selva del mercado.

Muchos de estos intelectuales y activistas indios ven a varios aymaras cabalgar en la cresta exitosa del capitalismo, pero lo que no ven, o sencillamente omiten, es que se hace en medio de la miseria de un grueso de aymaras empobrecidos que están exigiendo más que un discurso liberal-individualista, propuestas socioeconómicas alternativas, concretas, y no solamente, expresiones pasionales del éxito de algunos y la miseria de la mayoría.

En ese sentido, podríamos decir que la crítica tan voraz y necesaria, de esta nueva generación, a los folklorismos y misticismos -con los que, en particular, el actual gobierno del MAS ha tratado al indio-, resulta insuficiente y, ya para este momento,  hasta “distractora” ante los desafíos políticos y económicos que se configuran hoy. Un liberalismo individualista, concretado como neoliberalismo, es lo que ya vivimos y seguimos viviendo, y en alusión a la experiencia, debo decir que para muchos aún, eso significa miseria sempiterna. Creo que esta nueva vitalidad india, tiene desafíos más urgentes, más crudos, que el básico debate sobre el folklorismo indio.  ¿Qué hacemos con los extractivismos hoy? ¿Cómo superamos los procesos de exclusión y explotación al interior de los diferentes espacios económicos? ¿Cómo acabamos con la desigualdad y miseria económica? ¿Cómo generamos desarrollo social? ¿Qué hacemos con la crisis institucional? ¿Cómo extirpamos las lógicas corporativas de nuestro funcionamiento institucional? ¿Basta con criticar a los izquierdistas o a los pachamámicos? ¿Es suficiente con quitar a Marx de la cabeza? ¿Hay que mirar solo la modernidad occidental?

¿Hay acaso respuestas más allá de un liberalismo individualista indio?

*Miembro del colectivo Jach`as de Radio Pachamama/ Cursa el Posgrado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UMSA.





[1] Gran parte de esta intelectualidad joven escribe regularmente en el periódico digital Pukara y publica en el sitio web: http://grupo-minka.blogspot.com.
[2] Entre las escasas críticas que hoy podemos leer está por ejemplo el escrito de Saúl Flores Calderón en http://grupo-minka.blogspot.com/2016/07/el-caracter-academico-y-politico-del.html, o, desde una posición más katarista los argumentos de Pablo Mamani que se pueden seguir, en la parte de preguntas en el siguiente enlace https://www.youtube.com/watch?v=YyoCZKEZKFc. Curiosamente desde el pensamiento liberal  hay más aplausos que críticas, véase por ejemplo las ideas paternalistas de Diego Ayo al respecto en http://web.paginasiete.bo/ideas/2015/11/29/intelectuales-carne-hueso-78243.html.
[3] La academia ha recepcionado con aplausos los trabajos sobre el indianismo-katarista. Las investigaciones, las tesis y los libros al respecto, han seguido esta línea con bastante entusiasmo. Así, podemos encontrar trabajos que problematizan la temática desde el mismo indianismo-katarismo como el de Pedro Portugal y Carlos Macusaya, “El indianismo katarista una mirada crítica”; ahí está, también, la producción liberal de HCF Mansilla dispersa en varios textos sobre la temática, véase por ejemplo  “Una mirada crítica sobre el indianismo y la descolonización”, “Las raíces conservadoras bajo las apariencias radicales en América Latina” y “Filosofía occidental y Filosofía andina”. Hay otro tanto de estudios que fueron impulsados por el CIDES de la UMSA y otros trabajos dispersos en varios artículos.
[4] Los “otros” vendrían a ser el conjunto de escritores “indigenistas”, “blancos” por supuesto, y aquellos indios que patrocinados por ONG`s, habrían construido una imagen “folklórica”, “mística”, bastante idealizada del ser indio.
[5] El liberalismo en su dimensión política, ha sido una de las ideologías más fructíferas en el desarrollo de las sociedades europeas. Les permitió establecer una suerte de imaginario social sobre la ciudadanía y la igualdad jurídica; sin embrago, en Latinoamérica esta ideología no pudo superar  la condición colonial de sus abanderados y se estableció en base a principios de ciudadanía diferenciada. Pero además, en su dimensión económica,  el liberalismo es una ideología que responde a las estructuras del capitalismo, en esa medida el liberalismo es una ideología y una conducta que sirve a la reproducción de desigualdad social y económica, en tanto que su funcionamiento depende de los principios de libertad individual y competencia, casi “darwiniana” y no de “solidaridad social”.
[6] “Por qué no puedo ser liberal como HCF Mansilla”, fue una de las frases más impactantes que escuche de uno de los intelectuales aymaras más activos de esta nueva indianidad. Véase el comentario de Franco Limber al momento de responder a las preguntas en la presentación del libro “El indianismo katarista”: https://www.youtube.com/watch?v=YyoCZKEZKFc. El detalle no está en “ser” o “no ser”, uno puede ser lo que quiera, el peligro de posicionarse desde una visión liberal está en qué se opta por el individuo y no por el colectivo, por la parte y no por el todo. De esa manera se establece principios que no buscan la construcción de proyectos populares (que integren a todos los explotados y excluidos del sistema), sino surgidos en base a la competencia de individuos. Algo que se debe criticar del liberalismo individualista es que carcome los lazos de solidaridad y los reemplaza con principios de eficiencia individual que se miden en el mercado social y no en base a principios de justicia social.
[7] Pablo Velázquez, un activo militante indianista-katarista de esta nueva generación, ha escrito argumentos muy interesantes en defensa del cooperativismo minero por ejemplo, descuidando los pormenores de los procesos internos de explotación, entre aymaras, al interior de este sector.
[8] Varios de los argumentos de Carlos Macusaya, uno de los indianistas-kataristas más polémicos del MINKA, por ejemplo, van al compás de los escritos de HCF Mansilla, un reconocido intelectual liberal, que del otro lado ve en los procesos de “racionalidad occidental” la “única” opción del desarrollo humano. Las críticas que puedan hacerle a Mansilla algunos de los nuevos indianistas aun soy muy elementales, y muy por el contrario lo que se ve es una concordancia casi epistémica con el autor.  En el apartado, “el dilema de la identidad nacional y del desarrollo autóctono en una era de normas y metas universalistas” del texto “La crisis de la identidad nacional y la cultura política” de HCF Mansilla del año 2006 (ojo, antes de que explosionara con fuerza los argumentos de esta nueva generación intelectual), se podrá encontrar sorprendentes coincidencias con los argumentos liberales de Macusaya y otros intelectuales indianos.  
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