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viernes, 25 de agosto de 2017

TAMBORES DE GUERRA DESDE ACHACACHI

Por: Ruben Darío Chambi Mayta

Algunos abuelos de la población de Achacachi aun hoy recuerdan (entre risas) lo que sucedió en la década de los 60, cuando el entonces presidente de Bolivia René Barrientos Ortuño, en medio de una lluvia de piedras y peleas entre su guardia presidencial y los campesinos de la comunidad de Belén de Achacachi, escapaba dramáticamente hacia su helicóptero para poder huir de la turba enardecida.  El episodio sucedía en un contexto donde “aparentemente” existía una alianza entre el campesinado y el denominado “general del pueblo”, materializado en el Pacto Militar Campesino.

Este episodio nos recuerda la espontaneidad del valeroso pueblo de Achacachi y su gran capacidad de actuar políticamente, en momentos clave y con alcances inusitados y de influencia nacional. Está de más recordar que fue esta población la que inició en 2001 toda la movilización contra el modelo neoliberal, poniendo en situación subalterna al orgulloso Hugo Banzer y sus ministros. Recordamos también con humor cuando el ministro Guillermo Fortún tuvo que ir “caminando” hasta donde se encontraban los bloqueadores y “hasta tuvo que comer chuño” en un Apthapi en esta región. Así también nos vienen a la mente las movilizaciones del 2003, que desencadenaron la huida de Gonzalo Sánchez de Lozada y posibilitaron la asunción de la presidencia de Evo Morales. Estamos por tanto hablando de una de las poblaciones con mayor influencia política del país.

Los últimos acontecimientos en que los vecinos de Achacachi exigen la renuncia del alcalde Edgar Ramos (MAS) por casos de corrupción nos traen nuevamente a la mente estas imágenes. Pero además, positivamente, están creando un ambiente nuevo en la ciudadanía, un ambiente de satisfacción, de frescura política que hacía mucha falta, puesto que la movilización de Achacachi no es de ningún modo local o regional como quieren mostrar los ministros de Evo Morales.

La movilización causa simpatía y emoción revolucionaria en diferentes sectores, porque denuncia aquello que con mucha impotencia gran parte de la ciudadanía ha estado tolerando y soportando estos años. La corrupción generalizada, el manejo abusivo de la justicia por parte de jueces y fiscales adeptos al poder político, la persecución de toda voz disidente al poder, el despilfarro económico de obras sin planificación estratégica, la captación y división de las organizaciones sociales y campesinas y un sinfín de otras arbitrariedades.

No es extraño que los movilizados hayan denominado a su primera fase de bloqueo “Plan Gabriela Zapata”, ¿acaso no es el caso Zapata el mejor ejemplo de corrupción de fondos públicos, del abuso de poder y del uso instrumental de la justicia, además de una crisis moral en las altas esferas? Este caso al parecer se repite a diferentes niveles del poder y llega hasta las provincias, por tanto, el nombre del plan no podía haber sino más justo y adecuado.

Otro elemento de esta movilización es que el gobierno ya no puede -como regularmente lo hace-  adscribir una manifestación crítica como parte de la “derecha y el Imperio”, cliché favorito de Evo para denostar toda crítica. Deberíamos preguntamos ¿acaso el gobierno de Evo se atrevería a tachar a su líder Felipe Quispe “El Mallku” y a los pobladores de Achacachi y sus comunidades como parte de la derecha auspiciados por el imperio? Es imposible, y solo mencionarlo es una insensatez, porque si hay un líder histórico antimperialista y crítico al capitalismo ese es precisamente Felipe Quispe. Basta ver a las hermanas y hermanos movilizados, todos aymaras, de base, vecinos, comunarios y pequeños comerciantes, no hay activistas ni ONGistas que puedan sugerir que esta movilización es manipulada desde la oposición tradicional. Estamos por tanto ante un auténtico movimiento social de la nación aymara.

Esto último es muy importante porque trae consigo otro factor: desnuda la distancia entre las cúpulas de organizaciones indígenas y campesinas afines al Gobierno y sus bases. Hoy, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) es aliada incondicional del MAS, pero ¿dónde están? Hasta ahora ya se sumaron tres provincias a la movilización y están por hacerlo otros más, pero no existe ninguna “contra-movilización” campesina indígena, excepto, claro está, el alcalde de Pucarani (MAS) quien denunció perjuicios a su sector. Mismo alcalde que fue contradicho por su pueblo, que salió al encuentro del bloqueo apoyando con alimentos y agua.

Los líderes campesinos afines al Gobierno no pueden hasta ahora gestionar un bloque opositor al movimiento Aymara de Achacachi -seguramente lo intentarán-. Se les puede ver correteando de oficina en oficina con sus vistosos ponchos por la plaza Murillo sin poder ni siquiera ir a convocar a sus comunidades. Por tanto, se viene definitivamente un cambio y crítica interna en la dirigencia campesina de esta histórica organización, así también en otras organizaciones campesinas como Bartolina Sisa, algunas de las cuales se sumaron a la movilización y bloqueo. ¿Será este el inicio de un fraccionamiento y reconducción de estas organizaciones? Esperemos que sí.

El contexto trae consigo aun otras nuevas. Con esta movilización se desenmascara el supuesto “gobierno indígena” de Evo, puesto que son los Aymaras los que se movilizan (su supuesta base política indígena). Se manifiesta de facto lo dicho por pensadores Aymaras hace mucho, se evidencia la crisis del discurso indigenista, el uso abusivo de lo indígena para camuflar un gobierno de izquierda de tinte estalinista y populista a la criolla. 

Es emocionante ver a Felipe Quispe en la TV. llevando en el hombro la Wiphala, este símbolo del pueblo aymara que fue y es injustamente asociado con el MASismo. Este acto de Felipe representa la crítica a esa práctica instrumental de lo indígena por el actual gobierno y la necesidad de reconducir y recuperar las demandas históricas del pueblo aymara-quechua y sus símbolos de lucha.
También llama la atención la impresionante distancia de los personeros de Estado con su pueblo.

 Escuchar al ministro Alfredo Rada o a Carlos Romero es parecido a escuchar a Guiteras o Fortún (ex ministros de Banzer) con la misma actitud desconocedora de la historia y de la trayectoria de los pueblos, en este caso de Achacachi, “ninguneando” y provocando a los movilizados. Imaginemos lo que dirían los viejos MASistas, como Filemón Escobar, si estuvieran aquí. Estamos seguros de que estaría “carajeando” a los ministros, porque “hay cosas que no se hacen con el pueblo aymara” y menos con Achacachi. Esto muestra cuán lejos está el actual gobierno y ajenos sus actuales administradores del movimiento que se inició hace 10 años con el denominado proceso de cambio.
FOTO: PERIÓDICO DIGITAL DEL GRUPO FIDES DE BOLIVIA

Estos días hemos visto de forma impresionante como muchos sectores se suman y apoyan a los movilizados de Achacachi. Los indígenas del TIPNIS, magisterio, FEJUVES, autoridades campesinas provinciales y muchos otros. Es como si estuvieran esperando un “movimiento legítimo” que les englobe y aglutine. Entre los movilizados se habla de temas de impacto nacional, como la corrupción, la reelección del presidente, el extractivismo, la terrible situación de la justicia, temas que sobrepasan lo local.

Seguramente el gobierno de Evo recurrirá a la estrategia de dividir a las organizaciones campesinas y confrontarlas. En este momento, sus operadores políticos estarán ocupados y seguro se quedarán sin fin de semana, ya escuchamos a autoridades de gobierno manifestando que “desconfían de su alcalde” y que congelarán las cuentas del municipio, un recurso desesperado para parar la movilización.


Pero la movilización trajo pensamientos y reflexiones que son irreversibles. Hay caminos y horizontes nuevos que ya están sembrados en la mentalidad de la ciudadanía y no hay vuelta atrás. Los tambores de guerra que suenan desde Achacachi fueron y son escuchados, y se materializarán seguramente en irreverencia nacional ante la impostura del poder.
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