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domingo, 3 de mayo de 2020

CRISIS POLÍTICA Y ÉLITE IGNARA


Por Iván Apaza-Calle
La formación del Estado y la sociedad “boliviana” se caracterizaron desde su fundación en una dicotomía opuesta. Así Estado y sociedad eran contrarios, esto se debe a que, las elites que administraron el aparato institucional tenían a las naciones “autóctonas” en sus “proyectos” políticos, o mejor dicho, en su pensamiento, como un problema, cuya solución era su eliminación y muerte lenta a partir de inyecciones migratorias desde el extranjero. Este dilema surgió desde el carácter hereditario de la colonia a la república, así el surgimiento de la nueva Bolivia estaba plagada de indios esclavos.

La mayor parte de los momentos constitutivos han sido simples brochazos de una aparente transformación y de resolución de ese viejo problema, por lo que, la guerra civil de 1899 entre conservadores y liberales, la revolución nacional del 52 y la constitución del Estado plurinacional no han resuelto completamente el problema nacional, pero sí que en esos momentos, los indios han jugado un papel importante y decisivo; ser la fuerza bruta.

A esta explicación hay que agregar el carácter de las clases políticas que administran el aparato estatal, con solo rastrear en la historia política, sean las que estuvieron gobernando o las clases políticas subalternas, no supieron pensar más que en sus intereses sectoriales, asimismo, el caudillismo y la ausencia de hegemonía han llevado a la sociedad boliviana de crisis en crisis.

Pero el problema no queda ahí, es más complejo, el mero hecho que la sociedad esté caracterizada en sus interacciones por las relaciones coloniales, y con ello el racismo, son realidades que se viven a diario, específicamente, se presentan con más claridad en las acciones y en los discursos de las clases políticas. Si los unos están en contra de los indios, los otros están en contra de los q’aras, en ambas partes lo que se ve es una mixtificación y la reproducción del orden colonial de generación en generación.

Si nos basamos en la siguiente idea: la formación de la (s) cultura (s) vienen dirigidas por la alta clase/casta, lo cierto es que ese estrato combinado está ausente, por lo que, el papel lo asumen las clases políticas, y como dijimos más arriba, esa clase desconoce la formación social boliviana, y tiene la cualidad sectaria, consecuentemente, quienes gobiernen en momentos de crisis política, dirigen el Estado o sus instituciones arbitrariamente contra quienes estén en su contra, y los discursos cumplen la finalidad de descalificar. Hay una cualidad que se nota a leguas en la clase política boliviana, esto es crear a través del discurso, un villano y un mito de los males, si en el ex gobierno del MAS era el imperio norteamericano, en el gobierno de facto es la “dictadura” de Evo Morales y su regreso. Sin embargo, ese juego político no toma en cuenta a los que supuestamente representan, así quienes sufren las consecuencias de la inmadurez de los políticos, son los ciudadanos anónimos que no tienen voz.  

En efecto, la inmadurez de las clases políticas, el desconocimiento de las formaciones sociales, el carácter del Estado y la ausencia de disensos y consensos entre partidos políticos para tomar acuerdos frente a problemas como el Covid 19 solo reproducen las formas preclaras de arbitrariedades contra la sociedad civil como la violencia y el racismo a través de las instituciones del orden.        


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