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viernes, 25 de octubre de 2019

LOS INDIOS ENTRE EL SILENCIO Y LAS PROTESTAS


Iván Apaza-Calle
¡Fanatismo! ¡Ceguera! ¡Odio! ¡Confusión! ¡Miedo! ¡Gases lacrimógenos! ... Eso es lo que se ve, lo que se siente, lo que se escucha y lo que llega a cada olfato.
El país está polarizado, señoras y señores, por ello ha salido a flote el racismo. Indios por aquí indios por allá, los indios pagando los platos rotos del mesismo y el evismo. ¿Y qué de los que dirigen?, no les interesa, para eso están los cipayos de ambos bandos, para provocar griteríos y plasmar su fanatismo. Unos chicoteando, los otros tomándose selfies y con el bad de beisbol en la mano, listos y prestos para golpear a quienes consideran inferiores. Esa es la realidad.
¿Carlos Mesa o Evo Morales? Ninguno de ellos. Ni el uno ni el otro; pertenecen a la vieja casta política que hoy por hoy está en crisis y que con los nuevos acontecimientos están cerrando el último ciclo de su generación decadente.
Hemos visto de cerca, cómo el primero masacraba en los conflictos sociales en el 2003 desde el Palacio de Gobierno, y cómo a los cobrizos nos hacía la vida imposible en todas partes. Durante su gobierno se ha visto charcos de sangre, y el muy carnicero se ha bañado con la sangre de grandiosas personas que defendían los recursos naturales. Y sí, creo que algunos hemos olvidado aquello sumándonos a las protestas contra el evismo, por sus consignas y por la bronca hacía la corrupción. Y el evismo, que en un tiempo traía esperanzas de igualdad civil, ha reproducido las mismas lógicas diferencialistas e instrumentalistas de los anteriores gobiernos, mitificando “el mundo indígena” y sobrevalorándolo hasta las nubes. Resultado: racismo positivo, paternalismo, pachamamismo. Y sí…, el evismo también se ha bañado con la sangre de muchos; asimismo, se ha hundido en escándalos de corrupción y manipulación de la justicia; pero, sobre todo, nos ha mostrado con el fraude la dictadura en ciernes y con esta, a la sociedad totalitaria.
Mesa y Morales, pertenecen a esa clase de viejos políticos a los que (mientras crecíamos) observábamos y escuchábamos en la pantalla chica; pero ambos, pese a quien pese, están jugando al mismo juego de hace décadas: la división entre cambas y kollas, el odio, el fanatismo, el racismo y…
Eso es lo que hay… A veces caemos ciegamente en ese juego fanático, satisfaciendo a nuestro ego, a nuestro grupo; pero en verdad, solo satisfacemos a los intereses de estos viejos políticos, a sus eslóganes y a sus panfletos, sin darnos cuenta que, de aquí a algunos años adelante, los que aparentemente pelean hoy, estarán dándose el apretón de manos. Será así.
Hay un giro de protestas en las calles de las ciudades, aquellos que ayer eran los espectadores, que se horrorizaron y condenaron las movilizaciones de la indiada, hoy han salido a protestar. Estos cuellitos blancos recorren la ciudad y aquellos que daban dinamitazos, de manos encallecidas, de sacos descoloridos y de rostros de sufrimiento, son los espectadores, están ahí mirando la pantalla chica en silencio, siempre en el silencio monolítico.
Todo este tiempo, los bautizados de “indígenas” han servido como instrumento en el evismo y en el mesismo, así quispes contra huancas hacían payasadas jugando al duelo de chicotes, y en las tierras bajas los campesinos estaban en el silencio monacal, silencio que fue aprovechado por el buen samaritano y salvador del medio ambiente; esos ecologistas jugaban también en ese mismo juego tratando de subsanar el llamado de su conciencia consumista. Pero ¿qué de los demás? Silenciados e instrumentalizados.
¿Victimismo? ¡No! Así son las cosas…, así se ve a la señora de pollera que observa atenta la marcha, y rápidamente las miradas de los protestantes están hacia ella. No es masista pero las miradas la acusan de masista. Lo aymara, lo quechua… lo autóctono se ha convertido en sinónimo de masista. Y mil veces no. No es eso. El MAS en el gobierno ha llevado como instrumento todo los elementos-culturales-en-potencia de varias naciones a su servicio, esos silenciados por el caudillo bárbaro no gobernaron jamás, sino un majito de blanco-mestizos poniendo a un indio como símbolo, han hecho creer que gobernaban y que estaban en el Poder.
Y el silencio de los demás, de aquellos que observan todo lo que está aconteciendo en el país colonial, se debe a que no se sienten identificados con las protestas cargadas de actitudes racistas ni con el gobierno, por eso no salen a protestar, están ahí, esperando a su verdadero mesías y no es Evo Morales ni Carlos Mesa.
El Alto, fin de octubre de 2019


 


Reacciones:

1 comentarios:

  1. Ahora los jóvenes y los jóvenes maduros tienen una gran oportunidad. Dejen los no lugares como los celulares porque pierden mucha energía. Aparecer popular por unos minutos luego volver a desaparecer. La historia se hace materialmente y no con selfies. No es el materialismo marxista sino la materialidad política.

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