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lunes, 3 de octubre de 2016

TRABAJO INFANTIL EN LA MINERÍA ARTESANAL EN BOLIVIA. Contradicciones del Vivir Bien desde el extractivismo en las comunidades indígenas.

Artículo de  Ruben Dario Chambi Mayta, publicado en el libro de investigación titulado: "NADA DURA PARA SIEMPRE. Neo - extractivismo tras el boom de las materias primas"

Ruben Dario Chambi Mayta

El libro reúne investigaciones que se vinculan a una cooperación académica entre la cátedra de Relaciones Internacionales e Intersocietales de la Universidad de Kassel, el International Center for Development and Decent Work y la Unidad de Información Socio-Ambiental de la Universidad Andina Simón Bolívar en Quito / Ecuador.


PARA ACCEDER AL LIBRO COMPLETO INGRESE AQUI

domingo, 2 de octubre de 2016

APUNTES CRÍTICOS SOBRE EL INDIANISMO ORTODOXO

Por: Roger Adán Chambi Mayta

“Seamos generosamente universales
para ser provechosamente nacionales”

(Alfonso Reyes. México)

El indianismo ortodoxo, producto del pensamiento de Fausto Reinaga, a mal acostumbrado a sus militantes a repeler toda producción intelectual que no surja de la mano de los propios indianistas, o a toda aquella producción que se creía que era ajena a los intereses del sujeto racializado. “El Occidente, Europa y Norteamérica, ¿qué pensamiento ofrecen, cuál el arte que llena el corazón vacío de la humanidad? El Occidente hoy no ofrece ni pensamiento ni arte al hombre, devorado por sus tremendas necesidades insatisfechas”[1] ; “El Occidente no tiene nada; no ofrece nada para "desarrollar" un pensamiento nuevo, para crear un hombre nuevo sobre la faz de la tierra”[2] ; “Bolivia es un país sin escritores ni artistas. Una miserable y despreciable colonia intelectual de occidente. Europa es el cuerpo y Bolivia su pálida y lejana sombra”[3] ; “Se ha destacado la literatura boliviana, como una literatura de imitación y calco; y, más que en ninguna otra parte, se ha fisonomizado como una literatura forastera y extranjera”[4]… Son algunos ejemplos de las tesis que Reinaga lanzaba en sus escritos, acusando al pensamiento occidental y el carácter “bobarysta” de la intellingentsia boliviana.

Dichas acusaciones, si bien fueron producto del balance que Reinaga diagnosticaba en su tiempo, hoy por hoy esa actitud de refutar no ayuda a comprender las características, las condiciones y las necesidades del indio contemporáneo. Claro ejemplo de ello, es el pensamiento creado sobre el indio, bajo matrices de las arrugas de los abuelos, que en lo concreto ha demostrado la brecha entre la teoría y la práctica.

Es por esa razón, que la ortodoxia indianista  acusa aquella producción intelectual o aquel análisis que nace del pensamiento de Sócrates, Kant, Adorno, Sartre, Habermas,  entre otros, catalogados como pensamiento occidental, foráneo y por ende, innecesario para la comprensión de la realidad del indio. Por otro lado, de similar forma, se acusa el análisis de la realidad nacional, cuando estas surgen a partir del pensamiento de Alcides Arguedas, Guillermo Francovich, H.C.F. Mansilla, Alison Spedding, Silvia Rivera, entre otros, catalogados como producción inerte y ajena a la realidad de los indios. Y no quiero decir con esto, que en la producción del cholaje blanco mestizo y de algunos/as investigadores/as encontremos fundamentos claves para erradicar la relación colonial que nos aqueja. Sino que esa mala costumbre ha dejado de lado el análisis racional crítico de la realidad colonial para dar paso a la comprensión del escenario del indio bajo un sentimentalismo exacerbado maniquea.

El indianista ortodoxo, ha dejado de lado el análisis racional de la totalidad de su contexto, dando paso libre a que el sujeto racializado sea el objeto de estudio por excelencia de las castas dominantes intelectuales. El indio es intrumentalizado al antojo del colonialista y es por eso que en un tiempo se decía que el indio era el factor principal de todos los males que padecía Bolivia, posteriormente se cataloga al indio como la reserva moral del país y ahora es considerado como guardián de la naturaleza, es decir, de ser un problema, el indio pasa a ser un ser espiritual y protector de la armonía; todo este manoseo se da porque el indio es sujeto de la instrumentalización. Pero para que exista esta instrumentalización, el utilitarista estudia y analiza la población a instrumentalizar, sabe de qué forma le será viable la instrumentalización, porque conoce las condiciones y el modo de organización de ese sector de la sociedad[5]. La casta del cholaje blanco mestizo mantiene su condición porque su dominación parte del conocimiento que estos tienen de sus dominados.

Sin embargo, la sociedad instrumentalizada no es consciente de su condición de dominado (claro, porque las condiciones de vida obliga a tener otras preocupaciones, otras prioridades), pero aun así “en su recorrido establece posiciones, adquiere cuerpo, crea, traslada su cultura, traslada su música; teje relaciones de parentesco, relaciones culturales, se adapta e impone habitus”[6], es decir, ha creado mecanismos independientemente del Estado para mostrar su potencial, sobre todo en lo económico. Lo cual no significa que, la estructura colonial se esté debilitando. Muchos ilusos creen que el hecho que los indios hoy estén en espacios de la administración pública o que cuenten con grandes montos de dinero, es ya una muestra de un empoderamiento indio[7]. ¿De qué sirve qué un indio este en un espacio de poder o que sea q’amiri si su mentalidad sigue siendo de indio sumiso[8]?

Roger Adan Chambi Mayta
Ahora bien, la ideología política  que desde los años setenta busca la liberación del indio, la ideología que pretende destruir la opresión secular de la colonia aun latente; es decir el indianismo, desde sus inicios ha manejado preceptos que  parecen no haber ido de la mano con las practicas del pueblo a quien pretendían liberar, tal vez esto se deba a que ese indianismo ortodoxo se limitaba a prometer cambios en la vivencia de los indios solo cuando estos tomarán el poder, y mientras eso no ocurría, todo se quedaba en discurso.
Es que pensar la liberación del pueblo oprimido solo a partir del poder gubernamental ¡Eh ahí el gran problema!  ¿Qué gran esfuerzo intelectual requiere decir y repetir: que todo será mejor para los indios “cuando lleguemos al poder”, “cuando reconstituyamos el segundo Tawantinsuyo”, “cuando lleguemos al poder Kolla? Ninguno; son clichés usados dentro de los movimientos indianistas y kataristas que no logran un cambio objetivo en la vivencia del indio. Además, para ser poder se necesita ser mayoría, es decir, hacer que la vasta colectividad de la población siga o comparta un pensamiento. ¿Han logrado ser poder los indianistas? No. Pero no porque la ideología indianista como tal sea una falacia, sino porque la actitud del militante indianista ha caído en un ensimismamiento que le alejó del análisis racional de su entorno.
 Analizar el entorno significa estudiar y comprender las relaciones sociales del sujeto racializado  con otras realidades sociales que el contexto actual brinda, y para ello se necesita entender conceptos de economía, de política, de género, de leyes, de arte,  entre otras ramas, para comprender al indio desde su espacio y su relación con el mundo. ¿Pero que hizo/ hace los indianistas ortodoxos? Tratar de ver la realidad del sujeto racializado no desde su práctica concreta, sino desde un tipo ideal imaginario pre colonial. Dejar de lado toda producción académica o literaria que no venga de la mano de los propios colonizados, una carencia en comprender y analizar la vivencia del colonialista, (ya que si se pretende la liberación de los oprimidos, mínimamente se debe estudiar a los opresores y no limitarse solo a decir con euforia “muerte al q’ara”, “esos blanco mestizos”, “esos jailones”). Todas estas prácticas son elementos suficientes para comprender el declive del indianismo ortodoxo en la actualidad.
Los retos de los indianistas contemporáneos debe ser el dejar de lado los emocionalismos que muchas veces la ideología nos ha inculcado. Venga de donde vega un conocimiento, si este ayuda a a comprender y mejorar la situación del sujeto racializado, debe ser tomado en cuenta y no excluido. Es evidente que se debe asumir una posición crítica frente a la realidad y al conocimiento establecido, pero esa crítica debe ser fundamentada, se debe cuestionar a Occidente y la producción del cholaje blanco mestizo, sí, pero no porque Reinaga, Carnero Hoke, o Quispe, etc.,  lo cuestionen, sino porque uno debe tener conocimiento de esa producción y haya llegado a comprender las falacias de esa racionalidad y ha decidido cuestionarlo. Demos cobertura ancha al análisis crítico indianista para dejar de lado de una vez “la etnia cavernaria que muchas veces bajo el influjo del alcohol, la droga, o la pasión política, rebuzna el orgullo del color de su cuero, de su dialecto; de su atuendo de su burda bayeta, de su gorro, de su poncho, de su ojota, de su mugre y de su bolo de coca bucal; que rebuzna su orgullo de ser la mayoría nacional[9], puesto que esta actitud (asumida hoy con fuerza por ciertos sectores amparados por el discurso plurinacional del gobierno central) no nos acerca a tener un conocimiento objetivo de la sociedad colonial, y por ende, nos aleja de la liberación.

Extraído del periodico mensual PUKARA No # 122 CLICK AQUI



[1] REINAGA, Fausto, “La Revolución India”, Bolivia: PIB, 2010,    p. 73. 
[2] Ibíd.
[3] REINAGA, Fausto, “Tesis India”, Bolivia: PIB, 1971. p. 32.
[4] Reinaga, Fausto, “La Intelligentsia del Cholaje Boliviano”, Bolivia: PIAK, 1967, p. 195.
[5] Si uno revisa el catálogo de tesis en la carrera de Sociología de la UMSA, será testigo de que un 90% de las investigaciones giran en torno al indio o indígena.
[6] UNTUJA, Fernando, “Katarismo. Crítica al indianismo e indigenismo”, Bolivia: s/f, 2012, p. 10.
[7] Para una mirada más amplia al respecto, revisar: “Sofismas del Cholaje Blanco Mestizo” de CHAMBI Mayta, Roger Adan. En: http://colectivocurva.blogspot.com/2016/09/sofismas-del-cholaje-blaco-mestizo.html
[8] Es aquel indio que manifiesta y/o protege la obediencia, respeto, reverencia, admiración, aprecio y adoración al opresor (QUISPE, Ayar. “Indianismo – katarismo”, Qullasuyu: Pachakuti-AWQA, 2014, p. 91)
[9] REINAGA, Fausto. “¿Qué Hacer?”, Bolivia: CAM, 1980, pp. 45, 46. 

SOBRE DOS AXIOMAS DEL INDIANISMO

Por: Ivan Apaza Calle

I
Cuando hablamos de una verdad que no se puede negar, nos referimos a un hecho histórico concreto en la historia de las naciones autóctonas; la colonización. Este hecho no se puede negar nominalmente porque ocurrieron a partir de 1492, consiguientemente 1532 en la historia de los aymara-qhiswas; de otro modo sería anular un hecho elemental para el entendimiento de los fenómenos sociales  en el tiempo y que hoy se nos presentan de modo caótico a primera vista.
Si entendemos a partir de los datos históricos, aun cuando estas fueran las escritas por los vencedores[1], podemos inferir básicamente que, en 1532 y 1533 en Cuzco ocurrió un enfrentamiento de voluntades contrarias y contradictorias, pues, españoles e inkas eran diferentes, con intereses disparejos. En este fenómeno, no se observa acuerdo de voluntades, sino como última instancia  la medición de fuerzas  y todos los recursos que sean necesarios para imponer la voluntad. El querer u objetivo de ambos, se resuelve en el enfrentamiento de estos dos polos, resultado de esto, es pues, un victorioso y un derrotado. Esto trae evidentemente implicancias, como el sometimiento de los derrotados. Sea en la experiencia de los aztecas e inkas, no hay diferencias de lógica, la esencia colonial es someter al otro a su voluntad a través de la guerra; Todorov ha dicho en un estudio que, “el encuentro entre el Antiguo y el Nuevo Mundo que el descubrimiento de Colón hizo posible  es de un tipo muy particular: la guerra, o más bien, como se decía entonces. La Conquista”[2]
La reacción natural de las naciones autóctonas ante la acción de los españoles, deviene en una defensa y guerra para derrotar al invasor, ya que no es normal para ellos el sometimiento extranjero; no estaban acostumbrados a las matanzas violentas de estos extraños que han capturado al Inka e instrumentalizado a colectividades de autóctonos. Podemos extraer algo de este análisis.  Hay una reacción-contra-colonial-natural, que no necesariamente surge a partir de un proceso de concientización para que se oponga a la acción colonial, porque son sujetos libres hasta ese momento; esta reacción nace como un espasmo ante la realidad que están observando, pero hay algo importante mas; que la conciencia de los autóctonos en esa época, no se ha sometido y que sabe quién es quién.
La victoria de los españoles deriva de su política colonial: en este caso de la instrumentalización de colectividades autóctonas que sirvieron a ojo ciego a los españoles, pero ¿acaso los autóctonos no tenían la conciencia libre? Las colectividades instrumentalizadas, eran propensos a ser víctimas del discurso del invasor, en cambio aquellas colectividades que reaccionaron frente a la acción colonial no sufrieron el lavaje cerebral del invasor. Hasta aquí, es un momento de enfrentamiento o choque de dos civilizaciones que tienen sus propias formas organizativas, modo de concepción del mundo, cultura, etc. Cuando capturan al Inka Atawallpa, aun no tienen el absoluto control político, pero en cuanto lo ejecutan en 1533, se sobrepone a la sociedad autóctona, en efecto, lo que se origina es la colonia, consecuentemente, la colonización produce colonizados y colonizadores[3].
La institución de los virreinatos, es consecuencia de esa voluntad de los españoles sobrepuesta a la voluntad de los autóctonos, asimismo, es la ocupación de estructuras coloniales en estas tierras. En la medida en que hay una estructura, existe una interacción-q’ara-indio o lo que se conoce también como: dinámica micro social. La sociedad autóctona ahora como, sociedad india, se mueve bajo las estructuras coloniales: virreinatos, lo que consecuentemente es la influencia externa en la existencia de cada individuo.
Cualquier juego inventado por los seres humanos, tiene una estructura bajo el cual se somete el jugador, estas estructuras son reglas cuya finalidad es someter a los jugadores, consiguientemente sacar un ganador y un perdedor. Las reglas de juego en este caso implican un orden bajo el cual interactúan los jugadores. El laberinto se ha constituido en nuestro medio en un juego, bajo el cual podemos especificar la idea de estructura; las paredes de un laberinto son estructuras bajo el cual el jugador  tiene que moverse; este movimiento no es libre, ya que, hay estructuras que impulsan el movimiento direccionado hacia un fin u objetivo, como podemos observar, hay una determinación para la acción del jugador.
La finalidad de las reglas es orientar la potencia del jugador hacia un determinado fin, en efecto no hay una acción libre de la potencia sino de antemano determinada. El jugador que se enrola en esto básicamente está sometiendo su voluntad a la regla y actúa cumpliendo el mandato dispuesto por el inventor del juego. La estructura social, es similar a la teoría del juego solo que sometiendo la voluntad; los virreinatos en la colonia tuvieron también la finalidad de direccionar y someter la interacción de las sociedades autóctonas. Y esto ha venido transmutándose a lo largo del tiempo.
II
Los efectos de este fenómeno, han traído como resultado al indio sumiso que está de acuerdo con el orden establecido, pues, está en el sopor; evidentemente, el indio como tal debe de actuar bajo reglas y normas llevándolo a la sumisión cuyos pensamientos radican en argumentos que fueron implantados por la externalidad, de modo que, esas estructuras sociales que moldearon al indio no sean cuestionados por los colonizados. Pero hay algo mas, los individuos, como tal, viven circunstancias-experiencias bajo la colonia, estas son intimas pueden recordarles o conducirles a los primeros años de su vida, a esos momentos de reflexión, donde cuestionar para explicarse es fresco, estas pueden ser a la dinámica social y a las reglas del orden colonial, a preguntar el por qué de las cosas; esta experiencia intima es un chispazo en la mayoría, como la estrella fugaz, pero desaparece por la misma condición existencial al que está sometida, consecuentemente, pasa por alto las injusticias que vive ese individuo, hasta  tener la noción de la injusticia como normal. El mismo sistema mantiene ocupado al colonizado para que este no reflexione. Hay algo que Manuel García Morente decía en su “Lecciones preliminares de la filosofía”, que si uno no hace nada, es decir no tiene ocupación, esta frente a la nada, ahí es el momento donde las preguntas empiezan a surgir para explicar el sentido de la vida; sin embargo en sociedades de contexto colonial, los indios no tienen el tiempo para pensar, la reflexión solo descansa para solucionar y satisfacer sus necesidades vitales: en que comer, como ganar dinero, donde vivir, que vestir.
Pero profundicemos esto más. A lo largo de la era colonial, se puede observar varias revueltas contra coloniales, más aun en las primeras décadas de la colonización española; estos fenómenos sociales son consecuencia del espíritu libre que aun tenían los autóctonos en esas épocas; aun no han sufrido una plena colonización, lo que ocurrió es que, esa generación experimentó y vivió bajo dos tipos de sistemas: el primero el inkaiko  y el segundo lo que venía a ser la colonia; la crisis existencial estaba presente, pues, cualquier individuo de cualquier tipo de sociedad, si ha surgido y crecido bajo un sistema de vida y se lo somete a otro sistema, entonces, lo que resulta es una crisis. Pero no solo eso, las tradiciones culturales de las diversidades sociales existentes en esas épocas, son reacias al cambio que se quiere hacer por parte de los colonos, pues  “romper las tradiciones no es cosa fácil sino que en tanto uno se mantiene bajo ciertas reglas lo normal se absolutiza aparentemente, de ahí que lo nuevo siempre es cuestionado o evitado por el sujeto que se ha mantenido en la tradición, sin querer salir de ella ni innovar. Sin embargo lo nuevo en tanto es íntimo no es repelido sino con ansias de seguir pero que en cierto tiempo también se convertirá normal”[4].
En la medida que las generaciones desaparecen y nace otra generación, estas en el momento de disociación generacional o transición van heredando la vivencia. Pero además, hay algo interesante aquí, y es que la primera generación que se enfrentó y sufrió la colonización, es libre, los que nacieron bajo la colonia aun siguen siendo, sólo que en otro nivel, porque la misma estructura social ha ido moldeando su dinámica, direccionando a esta nueva generación emergente a la mansedumbre. Así hay una larga cadena de generaciones que son diferentes, pero con la esencia de: colonizado. Si hay ese direccionamiento a la potencia del colonizado, cuya finalidad es mantenerlo en el sopor, entonces, cómo es que surge y resurge eso que llamamos re-vuelta en cada generación. Esto tiene que ver, con la misma naturaleza del ser humano en general; la curiosidad es natural en los hombres tal como indicó Aristóteles en el primer párrafo de su “Metafísica”, uno bajo esa característica de querer saber más, puede llegar a encontrar verdades, este es el aliciente para poder cuestionar y seguidamente efectivizar el pensamiento que cuestiona,  pero hay que agregar a esto otro elemento natural del ser humano: la capacidad de reflexión. Si el colonizado o cualquier individuo de otra laya, tienen esta naturaleza, entonces hay una capacidad de construcción de esencia, bajo las circunstancias de la externalidad.
Hay momentos en los que, los colonizados no soportan más su anulación como hombre, la bestialización, su mecanización, no es sino un sopor causado por el sistema social, pero la externalidad no está todo el tiempo controlando, la potencia, la capacidad reflexiva y el querer saber de los colonizados, sino que en sus momentos libres despierta el yo de estos. A partir de esto, se da cuenta sobre lo que ocurre en su existencia, y este que se revela como tal se une con otros de su calidad y son los que efectivizan la re-vuelta para eliminar la negación que padecen. Estos sujetos, ya encaminando su libertad, no se ocupan de teorizar todo lo que están pensando, sino en darles las verdades a sus pares, para dejar de ser los no-hombres en términos del genial novelista negro Richard Wright. A partir de la constatación de la situación, se van construyendo en los colonizados lo que viene  a ser un discurso. No creo que las revueltas de Manko Inka II, Tupak Amaru-Micaela Batidas, Tupak Katari-Bartolina Sisa, Pedro Willka Apaza, Zarate Willka, etc. Hayan sido simples explosiones mecánicas sin rumbo, sin pensamiento u objetivo; una revuelta por la revuelta, sino que aquí hubo un pensamiento, que quería transmutar a partir de la acción la condición en la que existían. Las acciones de los tupakataristas de 1781, es clara, el mismo conflicto social, la misma guerra de indios y q’aras saca a flote la vivencia de uno, en efecto la condición existencial que se tiene. Toda acción desde mi perspectiva es efecto de una idea; la revuelta de 1781, en tanto acción, conlleva un pensamiento, un discurso.  
Que no se dude que la colonia no se ha eliminado, sino que ha sufrido transformaciones, que incluso la misma estructura a través de sus administradores,  se han adjudicado como descolonizadores de aquello que habían colonizado, pero la esencia se mantiene ahí, solo que ya no de forma excluyente sino incluyente-sometido; aquí claramente podemos percatarnos que, hay un modo de transformación del sistema en la medida que los colonizados adquieren conciencia de su condición;  esta misma incluso, cuando sucede tal redescubrimiento del oprimido, es reconocida por el colonialista, pero, le mantiene en una voluntad servicial ante su voluntad de opresor, como consecuencia se mantiene el sistema q’ara.  ¿Pero por qué sucede tal fenómeno?  Resulta que si los opresores no tuvieran la constante colonial, el racismo en determinadas épocas o la diferencia  en la actualidad no habría fundamento básico para su  voluntad, “el orden colonial es por su naturaleza excluyente descansa en la incompatibilidad… los propósitos de la colonización se cumplen sólo en la medida  en que el colonizado cambie su forma de vida para ajustarla a las necesidades y los intereses de la empresa colonial. Estos cambios imprescindibles, no conducen a la asimilación  del colonizado en la cultura dominante sino solo a su adaptación  al nuevo orden en su papel de vencido, de colonizado. La diferencia se mantiene, porque en ella descansa la justificación de la dominación colonial”[5]. En cualquier época del tiempo, este fenómeno se ha mantenido, solo que con otros nombres y actores, el drama sigue ahí, las indumentarias, los papeles que deben cumplir están presentes.
Las nuevas generaciones aymaras en cada tiempo, han cuestionado y buscado liberarse de este sistema opresivo; en cada niño, adolescente y joven hay la naturaleza de cuestionar lo externo, porque aun no han sufrido la domesticación de parte de las estructuras coloniales, están en ese camino de la enajenación; para la mayoría de las personas la opresión se vuelve normal, pero hay otros que se quedan o se salen del camino, estos son los que cuestionan esa normalidad que para los que llegaron a enajenarse es anormal que estos combatan para destruir aquello que los oprime. Hay otros sujetos que, por la misma experiencia o por la influencia de los que escaparon de las vías de la enajenación, también se rebelan ante la normalidad colonial y estos pueden optar alejarse del sistema de vida de los oprimidos incluso de los oprimidos, librarse de la normalidad es consecuencia del redescubrimiento de ese orden para entenderlos aun más; el autor de “La peste” ha declarado que, “para comprender al mundo es preciso a veces apartarse de él; para servir mejor a los hombres, tenerlos un momento a distancia”[6]. Porque se deja la normalidad; en tanto sucede esto, se abandona la constante influencia y lavaje cerebral que se da a través de las instituciones-medios del sistema q’ara, por tanto se entiende el funcionamiento de ese orden.


Extraído de la revista mensual PUKARA. No # 122 CLICK AQUI


[1] Las crónicas por ejemplo, muestran a una población que aborrecía del gobierno Inka y que había un enfrentamiento entre naciones, sin embargo esto era un argumento para legitimar la invasión de los españoles sobre los inkas, en ese sentido “…los cronistas fueron organizando su versión, moldeándola, cambiándola, diseñándola para que respondiera a sus fines.  La definición de Atahualpa como mentiroso, cruel, y específicamente como usurpador y tirano, se hallaba dirigida a justificar la conquista española por haberlo derrocado y buscar devolver la libertad y la justicia a los habitantes de los Andes”  (PEASE Franklin, “Los últimos incas del Cuzco”, España: Alianza editorial, 1991, p. 126) Entendemos consecuentemente que, cualquier invasión colonial  tiene argumentos que justifican la violencia sobre los invadidos y que la construcción de los relatos es mostrar los actos, pero justificados.
[2] TODOROV  Tzvetan, “La conquista de América. El problema del otro”, México: Siglo XXI, 1987, p. 59.
[3] MEMMI Albert, “Retrato del colonizado, precedido por el retrato del colonizador”, Argentina: Ed. De la Flor.
[4] APAZA-Calle Iván, “Aforismos y sentencias”, Inédito, 2016.
[5] BONFIL Batalla Guillermo, “México profundo. Una civilización negada”, México: Grijalbo, 1994, p. 121.
[6] CAMUS Albert, “El verano/bodas”, Argentina: Ed. Sur, 1970, p. 113
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