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  • REFLEXIÓN POLÍTICA Y SOCIAL

  • ARTE Y LITERATURA

lunes, 18 de noviembre de 2019

UNA BOLIVIA POLARIZADA


Por David River Arcaya
POLARIDAD
En estos últimos días en Bolivia, uno se levanta con una constante encrucijada, con un problema a resolver (a parte de los muchos problemas individuales con los que uno carga), despiertas y te encuentras con un país totalmente dividido en dos bandos que se resisten y resienten unos a otros.
Por un lado, están los del bando de la "derecha democrática" que lideradas por actores políticos de oposición  lanzan  cualquier cantidad de discursos, publican noticias , defienden sus posturas político-ideológicas, vociferando: "¡Ahora sí Bolivia libre y soberana!", "¡Fuera  indio dictador, Dios está con nosotros!", "¡Vándalos terroristas!", son estos algunos de los muchos comentarios y estribillos con los que defienden su razón.
Por el otro lado, el bando de la "Reivindicación social indígena"  que de igual manera defienden su postura político-ideológica con la misma fuerza y fiereza utilizando similares estrategias y herramientas (Medios masivos de comunicación, redes sociales y opinión pública).
"!Ahora si el pueblo se ha levantado¡" "! Fuera q'ara, nunca más al poder la derecha¡" "!ahora sí guerra civil, ahora sí guerra civil¡", Son algunas consignas que entre  estribillos, gritos y arengas van defendiendo los que de este bando creen su razón.
En ambos casos se puede evidenciar la creciente división política en nuestra nación y que con este artículo lo que se pretende es llegar a un punto de inflexión entre los dos polos enfrentados.
COINCIDENCIA
Lo paradójico de todo esto es: que ambos bandos se prestan y necesitan hacer uso de las mismas estrategias comunicacionales para promover el apego de los diferentes ciudadanos hacía sus tendencias político-ideológicas, utilizando diferentes herramientas de comunicación entre ellos los medios masivos de comunicación (televisión, radio, prensa escrita y otros), redes sociales (Facebook, Twitter, WhatsApp, etc.) Y la opinión pública ( editoriales impresas, debates, consensos públicos, etc.).
Cabe resaltar que los dos primeros grupos no son totalmente fiables ya que poseen un alto grado de desinformación, por una parte los medios masivos de comunicación, difunden las noticias según al grupo editorial, dueños del medio y la afinidad política  al que se deben. Por otra parte las redes sociales, con un sin fin de cuentas falsas bombardean las páginas y grupos en estas plataformas con noticias falsas (Fack New's), noticias pasadas, noticias de otros acontecimientos y escenarios sociales, y lo que es peor, noticias inventadas que rayan en el súper sensacionalismo y provocan el caos social. Es en este punto donde surgen las  siguientes preguntas: ¿a quién debo creer? ¿Quién dice la verdad?¿quién miente? ¿Están jugando con nosotros, con qué objetivo?
INCERTIDUMBRE
A lo largo de los años en Bolivia han sido varios los medios de comunicación que han faltado al código deontológico de la ética periodística al practicar un periodismo parcial, carente de objetividad, sensacionalista y amarillista. Dejando por detrás una sociedad caótica y sumida en la incertidumbre en búsqueda de una verdad, y es justamente en ese afán donde el individuo social se transforma en un ser instrumentalizado por discursos maniqueístas  de ciertos grupos angurrientos de poder de uno o del otro bando y lo más lamentable es que muchos medios de comunicación se presten para estos objetivos tan mezquinos. Para no enfatizar más este punto estoy convencido que como actores sociales debemos hacer algo no podemos quedar pasivos ante tales hechos. A juicio propio creo que el mayor castigo a estos medios que sólo desinforman a la población debe ser la sanción social y ser críticos con las noticias difundidas día tras día.
EL PAPEL DE LOS LÍDERES
Es  importante ver que papeles están jugando nuestros líderes en estos escenarios de conflicto y violencia política en el país.
Nelson Mandela decía: "Debemos usar el tiempo sabiamente y darnos cuenta que siempre es el momento oportuno para hacer las cosas bien"
Ahora bien, aquí surge la siguiente pregunta: ¿Cómo están aprovechando este tiempo de convulsión, los líderes de nuestro país?
Con el fallo que dictó, fraude electoral en los Comicios Electorales Presidenciales de 2019 en Bolivia, por parte de la  Organización de Estados Americanos (OEA), el expresidente Evo Morales estuvo forzado a renunciar junto a todos sus principales subalternos y huir del país.
A la fecha se puede evidenciar su clara intención de su retorno al país desde México. También se puede dar prueba que con sus discursos políticos de reivindicación indígena está  incitando a los sectores sociales afines a su partido político a la protesta, manifestación, bloqueo y cercos en ciertos puntos importantes de nuestra nación causando una desestabilidad política, económica y sobre todo zozobra en nuestra sociedad principalmente con el desabastecimiento de productos alimenticios y de primera necesidad.
Por otro lado están los otros actores políticos entre ellos, la flamante Presidente Interina y de transición Jeanine Añez, que para muchos se "auto proclamó" como tal.
Con la Biblia en mano entró en Palacio Quemado y se posicionó como Presidente de la Nación, cabe resaltar en este punto la forma  pseudo-doctrinal con la que asumió el cargo.
A su inicio como mandataria descabezó a varios personajes políticos del partido del MAS, eligió toda su cúpula de ministros de la derecha bien arraigada en Bolivia, dió plena potestad a las Fuerzas Armadas y la Policía Boliviana para que por la razón o la fuerza generen paz en el país, en cada uno de sus discursos está presente la descalificación hacía el ex-Gobierno; señalando y enfatizando los lujos, derroches y corrupción del ex mandatario e invitando a exiliados políticos a regresar al país. Mantuvo contacto con líderes políticos y de opinión bien ligados a la derecha internacional en la región que generó la mucha repercusión en algunos sectores del país.
Y lo que para juicio propio, es peor, que en sus  alocuciones trate de minimizar las manifestaciones y protestas de varios sectores sociales que quiérase o no, son consignas populares y muy importantes para dichas organizaciones.
Agravando aún más la situación conflictiva del país, el que, a la cabeza de la presidenta y su cúpula principal de Ministros tilden de terroristas, sediciosos y grupos reducidos de vándalos a los manifestantes y  que sólo buscan afanes e intereses personales y del MAS. En respuesta a este tipo de acusaciones el pueblo en protesta no dé su brazo a torcer y se levante con más fuerza aún, dando como resultado aproximadamente trece muertes y más de un centenar de heridos en pocos días  de mandato. Y que de igual forma que sus contendientes dejan al pueblo a la merced de la incertidumbre, paranoia, zozobra y convulsión social.
En este breve pantallazo de la actual situación del país claramente se puede evidenciar que nuestros líderes están por mucho con pensamientos sumamente diferentes y sin la predisposición al diálogo. Y que al parecer la solución a todo este panorama de conflicto no va a llegar por el lado dirigencial de estas autoridades.
DOS CAMINOS
Llegando al final de todo este análisis, podemos visibilizar la actual coyuntura por la que está atravesando nuestra querida patria.
Y nos queda resolver está encrucijada en la que nos vemos envueltos todos los que habitamos este hermoso país, llegó la hora de decidir de qué lado estamos de la "derecha democrática" o la "izquierda revolucionaria", debemos elegir bien, pues sólo hay dos caminos.
¿Qué lamentable es que sólo existan dos caminos, no?
¿Y sí como pueblo trabajador, honesto, y por sobre todo humano, elegimos un tercer camino?
El camino de la PAZ, !sí¡ tenemos esa opción nada ni nadie nos la va a coartar, pues a lo largo de nuestra historia  siempre nos distinguimos por ser un país pacífico. ¿Y cómo lo hacemos?
Dejando de participar en este clima de  tensión, conflicto y violencia política, creando un ambiente de pacificación, pidiendo a nuestras autoridades  diálogo entre sus frentes, buscando información fidedigna y de buena fuente, dejando de compartir publicaciones sediciosas, amarillistas, y que van en desmedro de la dignidad del que piensa y siente diferente. Cuando somos partícipes de estos hechos de confrontación nos convertimos en cómplices y sí seguimos creando más ambientes de odio nos va a costar detenerla y quién sabe, pueda ser demasiado tarde.
Tal vez suene hasta romántico está postura pero creo que como se están encaminado las cosas en el país, no queda de otra que buscar la PAZ, una PAZ sin condiciones, sin restricciones y sin diferencias.
¡Confío en ti para resolver esto¡
“O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos” (Franklin).
            ¿Ya decidiste qué camino tomar?


¿ES EVO O EL PUEBLO?


Por Roger Adan Chambi Mayta
Hay que aceptar que, la derecha en la región, ha celebrado la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia. Las felicitaciones del Secretario de Estado de los EE.UU., del Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, de la Cancillería de Colombia y hasta de Juan Guaidó en Venezuela, no tardaron en manifestarse apenas Jeanine Áñez, asumió la presidencia interina de Bolivia. Programas televisivos afines a esta línea como el de Jaime Bayly, en Miami, aplaudieron, hasta de modo jocoso, el fin de la “dictadura” de Evo Morales
Recordemos que, La derecha, El imperialismo, El capitalismo yanqui, fueron categorías usadas desde inicios del gobierno de Evo para referirse al enemigo central de su gobierno. Ese enemigo que, en palabras del ex presidente Morales, jamás creyó en la soberanía popular de los pueblos[1].
Desde la izquierda, en la región, el respaldo a Evo Morales se manifestó a partir del mundo académico, quienes no dudaron en señalar que Morales, el líder indígena, sufrió un golpe de estado y que su vida corría peligro. Los intelectuales descoloniales o decoloniales fueron los primeros en manifestar su repudio al golpe de estado, los cuales consideran, como señaló Grosfoguel, que fue patrocinado por la oligarquía blanca boliviana, odiadora de indígenas.
Recordemos que la escuela decolonial, ha trabajado y proyecta el horizonte del Vivir Bien, como modelo alterno de vida al capitalismo y socialismo occidental. En tal sentido, el proyecto plurinacional, a la cabeza de Evo Morales, fue inspiración y ejemplo de muchos trabajos académicos de esta corriente intelectual que se hace llamar descolonizadora. 
Empecé este artículo con este pequeño bosquejo, para situar el escenario internacional, y su posición política, con relación a los sucesos violentos que está atravesando Bolivia, desde la salida de Evo Morales. Es decir, para la esfera política internacional, lo que está viviendo el pueblo boliviano se reduce, por un lado, a un discurso que aplaude la salida del presidente indígena y, por otro, a un discurso que lo victimiza.
Mientras el pueblo boliviano se encuentra confrontado en un ambiente de miedo provocado por el ejército y Evo está fuera del país, como invitado ilustre ¿Es Evo o el pueblo boliviano, el que interesa a los medios de comunicación e intelectuales de la academia internacional?
¿Qué vidas están en juego en este escenario de confrontaciones? ¿El de Evo o el del pueblo racializado que ya lleva más de una decena de muertes por la represión del ejército? ¿Por qué la academia, que se supone que es la que construye pensamiento crítico, sigue ensalzando si fue golpe a Evo o no? ¿Hay alguna posibilidad de esperar un análisis a partir de las experiencias locales? ¿O tampoco, desde la academia, se está abierto a entender la soberanía popular de los pueblos que hoy están en las calles?
Desde mi experiencia en la academia, pretendo problematizar algunos puntos ligados al rol de los intelectuales que estudian Bolivia, en este escenario.
Quiero plantear dos hipótesis para entender el porqué de las lecturas miopes de la academia latinoamericana con respecto a lo que está pasando en Bolivia. La primera gira en torno a, cómo se está pensando lo indígena dentro las aulas universitarias de la región. Los bolivianistas[2] han centrado sus estudios con respecto a los pueblos indígenas, en los últimos años, a partir de la Constitución Política del Estado Plurinacional. Es decir, se piensa al indígena boliviano a partir de un cuerpo jurídico. A partir de la ley. No por nada, las pesquisas sobre el Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano son tendencia en las facultades de ciencias sociales.
Pensar que los pueblos indígenas en Bolivia, estuvieron viviendo un verdadero proceso de cambio por el simple hecho de tener una constitución muy progresista, que hace mención a preceptos filosóficos indígenas, que incorpora palabras en idioma indígena, que reconoce las naciones originarias, que reconoce jurisdicciones indígenas, entre otros, es pensar a los pueblos racializados fuera de su realidad concreta. Diversos estudios locales han demostrado las contradicciones e ineficacias de lo escrito en la Constitución y su praxis. Si bien antes del gobierno de Evo Morales, los estudios sobre los pueblos indígenas se centraban en las movilizaciones sociales, en pueblos en resistencia y contra hegemónicos, los estudios sobre lo indígena a partir de la ley, hoy por hoy, han fijado la naturaleza movilizante de los pueblos, creando un indígena ficticio, alejado de sus prácticas cotidianas. Entonces, la academia estaría entendiendo lo indígena a partir de un discurso creado, idílico, que no logra ver las contradicciones y otras posibilidades de ser indígena en el Estado Plurinacional.
La segunda hipótesis parte haciendo un ejercicio que los mismos decoloniales recomiendan: el pensamiento situado. Todo pensamiento es corporizado, territorializado, nos enseña de Sousa Santos. Es decir, no hay pensamiento objetivo de la realidad, sino que cada reflexión, cada criterio, cada postura política o intelectual responde a un espacio específico, a cuerpos específicos.
¿Desde qué espacio, territorio, se sitúan  para hablar sobre Bolivia? ¿Cuáles son esos cuerpos enunciadores que desde la academia observan Bolivia? Las respuestas a estas interrogantes pueden partir situando a la academia como espacio de reflexión y a las universidades de EE.UU., Brasil, México, Argentina, Colombia, como territorios de pensamiento. Los cuerpos enunciadores son blancos, que por más que se propaguen de descolonizadores, hacen el uso de su autoridad intelectual para decir qué es lo que está pasando en Bolivia y qué es lo que no está pasando.
Esta postura académica juzgadora de las acciones populares, olvidan que los pueblos tienen capacidad de agencia y que no son simples muñecos funcionales a la derecha o a la izquierda. Ya que para el pueblo, la realidad, a secas, no es una cuestión de ponerse una etiqueta ideológica, sino que es un duro proceso de contradicciones entre sus anhelos políticos y las necesidades prácticas del cotidiano. La academia blanca internacional, sobre todo la decolonial, que se considera descolonizadora, no hace el ejercicio de autocuestionar su lugar de enunciación, y aun así se dan la autoridad de decir “tontos útiles” a los sectores populares, que han hecho crítica al modo de ejecutar el proceso de cambio liderado por Evo Morales.  
Estas dos hipótesis no pretender fatalizar y ningunear los estudios en torno al Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano, que piensa a los pueblos a partir de la ley, ni tampoco pretende deslegitimar las voces académicas de la intelectualidad decolonial. Considero que sus reflexiones han sido importantes para el debate académico, sobre todo en el ejercicio de consolidar pensamientos críticos descolonizadores. El punto recae en que en situaciones de crisis, como la que está atravesando el pueblo boliviano, esta academia, en vez de mirar el problema a partir de sus teorías, debería darse una vuelta por el territorio boliviano, o al menos conversar con informantes no ligados al partido de Morales. Tal vez así cuestionarían la autoridad intelectual que se han atribuido para anular o ridiculizar las voces contrarias al gobierno de Evo.
Fuera de Bolivia, se ha creado un imaginario de lo indígena a partir del liderazgo de Evo Morales que, no deja ver a los pueblos indígenas en sus propias demandas y contradicciones. Evo ha manejado la consigna de “Evo es pueblo” pretendiendo personificar en él la basta población de los pueblos indígenas. Es hora de romper esa ficción, Evo no es pueblo, porque el pueblo está dando una vez más su cuerpo y su sangre para defender sus derechos, con la frente en alto, a pesar de las duras represalias militares, mientras que Evo, como invitado ilustre, está en su papel de víctima ante la comunidad internacional, negando sus errores como mandatario del gobierno indígena.

Brasil, 18 de noviembre de 2019.  


[1] https://w ww.telesurtv.net/news/Evo-Morales-destaco-lucha-indigena-contra-el-imperilaismo-20160817-0032.html
[2] Grupo de investigadores universitarios centrados en temáticas bolivianas.

LA CRISIS POLÍTICA Y LA REVUELTA AYMARA


Iván Apaza-Calle
1781, 13 de marzo. La ciudad de La Paz aparece cercada con más de 40.000 indios, es una lucha del campo contra la ciudad, mueren muchos indios batallando hasta llegar a la consigna de morir matando; los enemigos admiran el valor y heroicidad de los tupakataristas. El comandante pacificador del ejército español Sebastián Segurola ese día anota en su diario “… Se atacó el cerro, y aunque nos vimos sobre su cima por tres veces, otras tantas nos desalojaron de él los indios…, dimos fin de mas de 50 rebeldes que en él habia, habiéndose notado en los enemigos un espíritu y pertinacia tan horrible, que desde luego pudiera servir de ejemplo á la nación más valiente; porque no obstante estar atravesados de balazos, los unos sentados y los otros tendidos, aun se defendían y nos ofendían tirándonos muchas piedras”.
2000-2003, las cosas no han cambiado, el mismo espacio geográfico donde estaban asentados los campamentos del ejército de Katari y Sisa, ahora está habitado de migrantes aymara-quechuas. Los repertorios de lucha, las estrategias de movilización también vuelven a resurgir y los movilizados en cada punto de bloqueo y marcha sienten la pertenencia a una nación que bien está representada por la Wiphala.      
La reindianización a partir del discurso de las Dos Bolivias y el orgullo aymara también es fuerte y ha calado en la población altiplánica, así su líder que daba los majestuosos vuelos sobre el altiplano, levantaba a la nación que vivía con la cabeza agachada por muchas décadas. Así resurgía de la dominación una sociedad que no había sido vencida por los inkas, por los españoles y que la república jamás pudo someterla a su ciudadanía.  
Noviembre de 2019. Ese pueblo ha resurgido nuevamente, las causas son varias, pero la esencia de su movilización radica en contra de la ofensa y del escupitajo que recibió cada uno de sus pobladores con la quema de su símbolo: la Wiphala. La ofensa estaba hecha. Cada quien, con la quema, sentía que estaba siendo quemado y en la medida que tocaba los sentimientos más profundos de su pertenencia imaginaria a la nación, las redes sociales se inundaban de publicaciones en contra de la afrenta.
La quema de la Wiphala no era reciente, no era un hecho de ayer ni de hoy, sino ese odio visceral, el rechazo y la negación a toda la sociedad aymara compacta vienen de siglos atrás, y a quienes llevaban y hacían flamear en momentos de conflicto social, se los castigaba ejemplarmente, unos descuartizados, los otros asesinados, torturados, encarcelados y por supuesto perseguidos y correteados por las calles.    
—•—
Viernes 15 de noviembre de 2019 —Un día antes de esta fecha, en 1781, Tupak Katari era descuartizado horrendamente —Salí a comprar medicamentos para mi sobrina de dos meses, no ha dejado de llorar, cerca de donde vivimos no hay farmacias, ni tampoco chiflerias, y si hay alguna cerca, está cerrada. Recorrí en la bicicleta (que me acompaña varios años) por la carretera a Copacabana hasta la ex tranca de Río Seco, así en cada cruce en el trayecto vecinos y vecinas bloqueaban la vía, no es nuevo para mí, de hecho, entre mi niñez y adolescencia viví entre Achacachi y Warisata y en los años 2000-2003 crecí con esa imagen de bloqueos, de arrestos, de pateaduras, de saqueos, de balaceras y muertes.
Veo en cada punto de bloqueo una capacidad organizativa de los movilizados. ¡Cierto! La generación de la Guerra del agua y gas, no han fallecido, aún siguen con vida y aquellos adolescentes y niños que correteaban y observaban asombrados  a sus padres y madres durante el conflicto contra Sánchez de Lozada, Sánchez Berzain, Carlos Mesa… hoy se han sumado a los puntos de bloqueo y a las marchas.
Veteranos y aprendices otra vez en las calles. Aún no han perdido la ligazón del individuo a su comunidad, está presente ahí, mis amigos y amigas dicen que están obligando a bloquear, y desde un sentido liberal esa opinión es válida, pero me temo que no comprenden el sentido comunitario de hacer las cosas, como en cualquier actividad en una comunidad, participan todos porque el beneficio será para todos, esa es la lógica, ahí descansa la capacidad de movilización de la ciudad de El Alto. Son migrantes y hay aún en sus prácticas el sentido rural de hacer las cosas, por consiguiente, las estructuras de movilización en El Alto son muy diferentes a los movimientos del 21-F.  
A mí vuelta por la carretera oscura, aún siguen los puntos de bloqueo, ahora arden las fogatas; mucha gente, mujeres y varones, niñas y niños caminan de regreso con la Wiphala en mano. En cada punto de bloqueo paro a modo de descansar y escucho lo que se habla; la gente está aglomerada escuchando la radio, debaten, reflexionan sobre la situación del país y toman decisiones. En cada punto de bloqueo salta el tema de la quema de la Wiphala, cada uno siente como si hubiese sido quemado, cada quien siente y piensa que ver a una mujer de pollera siendo discriminada él es uno o una de ellas. Han herido el orgullo aymara…, con la quema han metido el dedo en la llaga, por eso no importa sus disculpas. No la quieren.  
·
La crisis política actual ha develado muchas cosas, ha develado cuán frágil es nuestra sociedad, ha develado la pugna de castas sociales, eso que en el año 2000 era de moda: las Dos Bolivias. Así como los momentos constitutivos de la historia boliviana, las crisis políticas muestra el problema no resuelto desde la fundación de Bolivia: la colonialidad de las estructuras sociales y por supuesto del Estado y sus instituciones.
A simple vista, la crisis política es resultado de la característica caudillista y autoritaria de los políticos, de lo político y de la política boliviana. En una década el gobierno del MAS ha ido serruchando, anulando a sus propios líderes, lo que demuestra la fragilidad del partido político, de hecho, el caudillo bárbaro y los caudillos ilustrados se han acostumbrado a manejar a sus militantes como a un rebaño como en los tiempos de Belzu y Melgarejo, pero lo más triste, han anulado la capacidad dirigencial de las diferentes organizaciones sociales a las que supuestamente representaba, por eso hoy, la movilización de los alteños se ve sin cabeza, sin líderes que orienten los sentimientos, las demandas de sus bases. El bloque dirigencial de varios sectores que aglutinaba las movilizaciones del 2003 ahora está ausente.
Por otro lado, la derecha que hoy se siente heroica, también ha repetido lo que el MAS ha hecho con sus dirigentes y líderes. El caudillismo de Carlos Mesa representa esa crisis política en Bolivia, y así como en una década, ese sector político que no entiende la pluralidad de la sociedad, no ha podido construir otro candidato que articule sus demandas y a los sectores que estaban en descontento con la corrupción, la manipulación de la justicia y el encarcelamiento de dirigentes por parte del ex gobierno.
La política boliviana es simiesca, unos luchan propugnando la democracia pero en la medida que hacen eso, sale a flote sus prejuicios diferencialistas y racistas. Eso en los militantes de la derecha. En el otro bando, el MAS ha propugnado más de una década representar a los “indígenas”, sin embargo, el autóctono era víctima del pongueaje político, servía como masa votante, como escalera política, pero lo peor fue desgastar los elementos-culturales-en-potencia de estos, razón por la cual, se ha calificado a la Wiphala como el símbolo de un partido político. En ambos casos la izquierda-indigenista como la derecha, no han sabido actuar responsablemente; resultado: más de 100 heridos, más de 8 muertos y los diversos estratos sociales enfrentados.   
En el panorama actual vemos que no hay un líder que aglutine todos los sectores en conflicto, tenemos una sociedad fragmentada social y políticamente, los liderazgos locales surgidos después del referéndum del 21 de febrero de 2016 y más aún después de los comicios del 20 de octubre, no hegemonizan en un bloque los diversos sectores, sea Pumari, Camacho o la presidenta en transición no tienen la legitimidad mayoritaria, y precisamente ahí radica el problema actual, pues, hay un sector que apoya al nuevo gobierno, pero también existe otro sector que no está de acuerdo. Y en política se trata de hacer alianzas, de acuerdos, de disensos y consensos, y me temo que no han llegado a esa instancia ninguno de los mencionados.      
A esto hay que agregar los fake news en las redes sociales y la prensa nacional, que en su mayoría han tomado una dirección de apoyo al gobierno, una prensa que se “hace a la vista gorda”, que teniendo ojos, oídos y corazón, no ve, no escucha y no siente; una prensa que se hace a los que no tiene postura, pero en el fondo lleva un fanatismo así como cualquiera, y sí, tienen el poder, e imponen la verdad que aparece en sus titulares y no muestran la verdad de lo que acontece. La línea informativa está a favor del gobierno transitorio y no es novedad, en el ex gobierno también la hubo. Es simple ¿Acaso hay una dictadura mediática en ciernes? Hasta donde vemos, sí.
·
Autónomamente de la realidad, es verdad, que las circunstancias determinan algunas acciones de los individuos, de sus interacciones y por supuesto de los grupos sociales movilizados, sin embargo, por suerte, no estamos mecanizados ni condenados a repetir la historia, de hecho, la capacidad creativa, de decisión y la voluntad (a nivel micro y macro social) implican que, podemos construir, no en su totalidad, a nuestra voluntad los nuevos escenarios políticos y sociales,  consiguientemente, la revuelta aymara, hoy, frente a la crisis política, debe dejar atrás a los viejos políticos y a sus juegos de antaño y hogaño, y crear aperturas para nuevos escenarios políticos, de lo político y la política, seguir con lo que existe es jugar con fuego, y creo que hay que echarle agua a esa llamas ardientes. Es verdad que en los nuevos bloqueos y movilizaciones se ha revivido viejas consignas históricas y se ha re-articulado la capacidad de movilización, el repertorio de acciones como marchas de protestas, vigilias, asambleas barriales, cabildos y bloqueos, es una fortaleza, pero dentro de ello también existen intereses partidarios de viejos dirigentes que han caído al pongueaje político y que quieren manipular y reconducir la lucha a otras sendas, así también existen personas que cometen actos vandálicos a nombre de una demanda y lucha justa, con los que hay que hacer un deshierbe en las mismas movilizaciones, solo así, la revuelta aymara será digna de triunfo. Solo así.
El Alto, noviembre de 2019


domingo, 17 de noviembre de 2019

RÉQUIEM PARA EL “PROCESO DE CAMBIO”


Por Vladimir Diaz Cuellar[1]
¿Crónica de una muerte anunciada?

De octubre a octubre y de motín a motín. Esa es tal vez la paradoja, superficial, del periodo cubierto por el último ciclo político. Un motín policial abrió el descalabro del Estado neoliberal en febrero de 2003 y un motín policial, conjuntamente el informe preliminar de la auditoria de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre las recientes elecciones, le dieron la estocada final al partido que gobernó el país por casi 14 años. Asimismo, unas movilizaciones sociales abrieron y cerraron el telón. Las movilizaciones populares de octubre de 2003, con el sacrificio de casi una centena de vidas, le habían puesto fin al par de décadas del país que había sido gobernado por la élite minera (Gonzalo Sánchez de Lozada) y agroindustrial (representada por Hugo Bánzer) a plan de medidas económicas que enajenaron los bienes públicos y que hicieron pagar las cuentas a costa del nivel de vida de las mayorías nacionales. Éstas, al mismo tiempo, le habían abierto las puertas de par en par a la avalancha electoral con la que el Movimiento al Socialismo (MAS) ganó el 2005. Y son otras movilizaciones “por la defensa de la democracia”, entre octubre y noviembre, las que despiden a ese gobierno.

Nadie, ni siquiera los más recalcitrantes adversarios del MAS, se hubiesen imaginado el dramático y rápido colapso de este partido y su gobierno. Pese a la casi década y media transcurrida, todas las encuestas -realizadas durante alrededor de un año- le daban alrededor del 30% de la intención de voto, aún con muchos indecisos por decidirse. Sólo pocas semanas antes de la elección, en medio de los voraces incendios que consumían el bosque chiquitano, se vislumbraba la posibilidad de que Carlos de Mesa pueda forzar una segunda vuelta. De ahí en más, los hechos del alud se sucedieron muy rápidamente.

La noche del 20 de octubre, incomprensiblemente, las autoridades del Tribunal Supremo Electoral paralizan el conteo rápido de votos con un acto que no tenía precedente, al menos en las últimas elecciones. Los resultados al 83,85% de los votos escrutados daban a Evo Morales el 44% y 39% a Carlos de Mesa forzando a una segunda vuelta, lo que fue celebrado como una verdadera victoria por la oposición. La Constitución de 2009, en efecto, establece que no habrá necesidad de una segunda vuelta si un candidato ganase con más del 50% de los votos, o con más del 40% siempre que haya una diferencia de 10 puntos respecto al segundo (artículo 166). Poco después, y pese a aquello, Morales sale dándose ganador en primera vuelta “confiado en el voto rural”. La sospecha hace presa del país. Por todas las ciudades y poblaciones menores, los ciudadanos se movilizan para resguardar los votos y las actas electorales. La sospecha se transforma rápidamente en furia cuando 22 horas después de la suspensión, el TSE restablece el cómputo rápido dando esta vez, al 95,63%, por ganador al MAS (46,85%) con un margen apenas mayor al 10% de diferencia sobre Comunidad Ciudadana (CC, 36,74%), lo que hacía innecesaria la segunda vuelta. Para colmo, los miembros del TSE no atinaban a justificar más que vagamente la suspensión del sistema (hablan primero de evitar dar dos resultados y luego de un ataque informático). En Potosí y Sucre, la gente quema las instalaciones de los Tribunales Electorales Departamentales, mientras que en Oruro queman las oficinas del MAS. Hay protestas en todo el país y, en algunos casos, enfrentamientos con la policía.

El 22 de octubre ya se tienen las primeras renuncias en el órgano electoral. El 23, mientras la misión de observadores de la OEA sugiere ir a una segunda vuelta, Morales denuncia un intento de golpe de Estado y llama a la “defensa de la democracia” que son respondidas casi de inmediato con grandes concentraciones en apoyo al MAS en La Paz y luego en Cochabamba. Poco después, él llamará además al “cerco a las ciudades”. Los paros cívicos ya son contundentes en varias ciudades del país. En poco, la movilización cívica se hace literalmente nacional, como nunca en la historia del país, y lo envuelve de este a oeste y de norte a sur. Sus epicentros son, a no dudar, las ciudades capitales. En este momento, las líneas de clase y de color de piel que marcan ambas movilizaciones son más marcadas: de un lado, las protestas en “defensa de la democracia” son en lo fundamental de clases medias, en tanto que en “la defensa del voto rural” son los campesinos y trabajadores los que se despliegan; los más blancos contra los más morenos. Sin embargo, las protestas cívicas de Santa Cruz y Potosí tienen un carácter más amplio, más popular, que los equivalentes de La Paz y Cochabamba. Entre el 23 y 25 se dan los primeros enfrentamientos entre manifestantes y simpatizantes del MAS, primero en el Plan 3000 en Santa Cruz y luego en Satélite norte y El Torno (ambos en Santa Cruz), Cochabamba y Yapacaní. El 25, el TSE concluye el conteo oficial y da por ganador al MAS con el 47.07% (CC, 36,51%), ratificando que una segunda vuelta no era necesaria. Los vocales no dan mayores explicaciones y no dan la cara a la prensa por una semana, tras la cual uno de ellos afirmará que los resultados son “sagrados”. La semana que se inicia el 28 está plagada de enfrentamientos civiles en varias ciudades y poblaciones menores; los heridos se cuentan ya en decenas. Mientras se inicia el cerco campesino, la oposición y el oficialismo se miden en sendos cabildos y concentraciones en las ciudades.

El 30, en Portachuelo y Montero, se registran enfrentamientos con heridos de bala y dos muertos entre las filas de los opositores. Los autores, según las investigaciones policiales, podrían estar vinculados a funcionarios de la alcaldía y a la diputada electa de zona, ambos del MAS. Las denuncias de los ciudadanos, que habían estallado sin ningún orden, muchas de ellas falsas, cobraron, entre tanto, cierta sistematicidad. Un ingeniero y su equipo explica los posibles mecanismos del fraude; la empresa proveedora del software electoral siembra más dudas. El 31, la OEA comienza finalmente la auditoria solicitada por el propio gobierno y que al poco es rechazada por la oposición desconfiada del actuar de su secretario general, Luis Almagro, anteriormente favorable a Morales. Los dirigentes campesinos deciden suspender el cerco a las ciudades; Morales ya no tiene la actitud desafiante de los primeros días y pide un “cuarto intermedio”. En contraposición, grandes cabildos en Santa Cruz, Cochabamba, Potosí, Sucre y La Paz radicalizan sus posiciones y piden ya la renuncia de Morales o la anulación de las elecciones. Las protestas contra el gobierno ya tienen un tinte más popular, en relación a su comienzo, con la participación de vecinos auto-organizados, más allá de los barrios de las clases medias, y de algunos sectores, particularmente en Potosí y en menor grado en Santa Cruz. Sin embargo, continúan los ataques a las oficinas de campesinos en las ciudades, así como a las oficinas del MAS. El racismo marca gran parte de la movilización. El 5 de noviembre se realiza la última gran concentración de organizaciones sociales en apoyo al gobierno en La Paz, con participación de la Central Obrera Boliviana (COB), mineros de Huanuni y Colquiri, campesinos, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) y trabajadores petroleros: los ch’ulos y cascos mineros dominan la escena. Se producen más choques con la clase media. Y el 6, cerca de Vinto, se producen brutales enfrentamientos entre campesinos y vecinos producto de los cuales un joven pierde la vida. La gente enfurecida toma y quema el edificio de la alcaldía para después humillar a la alcaldesa del MAS a quien apuntan como la provocadora. En La Paz, estudiantes se enfrentan con los mineros asalariados que utilizan dinamita.

Finalmente, el 7 de noviembre, se produce la última concentración en El Alto convocada por la junta de vecinos, la COB y gremiales, en apariencia a favor del gobierno, en la que se pide pacificación, se rechaza los recientes sucesos de racismo y se pide que se investiguen las causas de las muertes. Morales no participa en ella y sólo la “saluda” desde Twitter. El líder de la COB, Juan Carlos Huarachi, resaltando lo que ya se hacía evidente, decía: “queremos ver la participación masiva de El Alto, ese ‘león que está dormido.’ Que despierte de una vez, ¡carajo!”. También se realizan concentraciones en apoyo al gobierno en Cochabamba y San Julián (Santa Cruz). En La Paz, en tanto, los líderes cívicos de Santa Cruz y Potosí, que pocos días antes habían comenzado a coordinar acciones, participan en un cabildo organizado por los cocaleros de los Yungas, misma a la que asisten, además de los usuales estudiantes, trabajadores mineros y esposas de policías. Por la noche, el gerente de la empresa panameña Ethical Hacking, que realizó la auditoría informática al proceso electoral, afirma en una entrevista que éste está “viciado de nulidad” debido a múltiples irregularidades. A estas alturas, cuando el balance de fuerzas estaba ya volcado en favor de los diversos sectores sociales comandados por la alianza cívica, el 8, un motín policial toma forma en Cochabamba y se expande como dominó a otras ciudades. Por la noche, Morales sólo atina a mandar más mensajes de Twitter. Al día siguiente y antes de medio día, con el motín policial en La Paz, éste ya era general y nacional. En varias ciudades, los policías marchan conjuntamente la gente que ha mantenido el paro y las manifestaciones por más de dos semanas. El comandante de las Fuerzas Armadas anuncia que no reprimirá al pueblo. Las cartas estaban echadas. Morales, desde la base aérea de El Alto, vuelve a pedir la movilización social, pero a este punto sólo los cocaleros de trópico se encontraban marchando organizadamente, pero en el Chapare y sin destino conocido. El tiro de gracia lo dio, en la madrugada del 10 de noviembre, el informe preliminar de la comisión de la OEA que realizaba la auditoría al proceso electoral y que, aunque debía ser entregado un par de días después ante el convulsivo ambiente social, concluye que existieron múltiples irregularidades y sugiere nuevas elecciones.

Esa misma mañana del 10, Morales, en un escueto comunicado y acompañado por unos pocos dirigentes, anuncia la convocatoria a nuevas elecciones. Por si tal correlación de fuerzas no era ya decisoria, el día y la noche anteriores, una caravana de alrededor 150 buses procedentes de Sucre y Potosí, despedida con un baño de solidaridad popular, ya se dirigía a La Paz transportando probablemente a 8 mil cívicos, estudiantes, cooperativistas mineros (del Cerro Rico y Porco), mineros asalariados (de Porco, San Lorenzo, San Cristóbal y otras varias minas) y otros, como parte de la coordinación del movimiento cívico nacional. El 9, el primer grupo de ésta es interceptado y atacado por campesinos, aparentemente instigados por un alcalde del MAS, en Vila Vila, resultando en varios heridos. El 10, un segundo contingente es atacado con armas de fuego cerca a Challapata resultando en heridos. Entre estos dos días, una gran muchedumbre enfurecida en Potosí, al conocer las noticias de los ataques a los buses, se moviliza, presiona a sus autoridades regionales, todos del MAS, para que renuncien, quema luego las casas de uno de éstos y de un ministro. En Oruro, también queman la casa del gobernador del MAS, acusándolo de ser responsable del mismo ataque, así como la casa de la hermana de Morales.

Con todo esto, se vino la ola de renuncias de ministros, gobernadores, alcaldes y asambleístas, comenzando por las autoridades potosinas. El MAS, tanto como aparato en el Estado así como partido, colapsó en pocas horas. Las Fuerzas Armadas y la COB piden, casi simultáneamente, la renuncia de Morales. En medio de una Plaza Murillo sólo resguardada por los estudiantes movilizados, sin policías o militares y sin los mineros de las empresas estatales que días antes se encontraban ahí, los líderes del movimiento cívico entran a Palacio Quemado, tienden la bandera tricolor en el piso, se arrodillan y junto con una Biblia dejan la carta de renuncia que habían redactado para que la firme Morales. Éste, para entonces, se encontraba con rumbo a Chimoré (Chapare) desde donde, junto con su vicepresidente Álvaro García Linera y la ministra Gabriela Montaño, renunciará a la presidencia. Ninguno de ellos reconoce el fraude. Ni una palabra sobre los muertos y heridos. De hecho, Morales se enfoca compulsivamente en los ataques a las casas de la gente de su entorno. Según ellos, “el golpe se ha consumado”. Tras esto, los festejos se desatan en varias ciudades. Pero al poco cayó la noche y la anomia social prevaleció. Vándalos y grupos de choque del MAS, por separado y tal vez en algún caso juntos, quemaron los buses del transporte público de la alcaldía opositora de La Paz, las casas de algunas figuras de la oposición y saquearon algunos negocios. Al festejo de las clases medias le siguió su histeria colectiva.

¿Golpe de Estado o fraude?

¿Hubo un golpe de Estado? Eso es al menos lo que el gobierno del MAS aseguró desde el inicio del conflicto. Sin embargo, en su mayor parte, las aseveraciones para fundamentar esto fueron genéricas. Incluso en los momentos más críticos, cuando información detallada podría volcar las simpatías de los manifestantes de uno u otro lado, Morales nunca se dio a la tarea de explicar cómo el supuesto golpe estaba funcionando. ¿Por qué no utilizar las oportunidades que tuvo para convencer a la población del golpe en vez de utilizarlas para burlarse de los movilizados? El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, quien participase en la Escuela de las Américas, sólo se dedicó a hablar del temible plan de convertir a Bolivia en un nuevo Vietnam. Fue el ministro de Gobierno quien le dedicase algunos minutos al detalle del asunto. Él afirmó que éste “tiene tres dispositivos fundamentales. El primero es la conculcación de las garantías constitucionales de los ciudadanos, incluida la libertad de expresión y la libertad de prensa. Segundo, la activación de un sentimiento racista para generar confrontación a nivel de la población civil de Bolivia y tercero, la confrontación violenta contra las instituciones del Estado, particularmente la Policía”, lo que no deja de ser bastante general. Esto, además, lo dijo, el 4 de noviembre, cuando el “golpe” ya tenía dos semanas de estar en curso. Cuando entró en detalles mencionó que los opositores habrían adquirido “armas y municiones en Estados Unidos” para tal efecto. Un blog, en inglés, parece haber sido la fuente de las aserciones. Aparte de esto, las diversas aseveraciones del gobierno sobre el mentado golpe sirvieron solamente para que la gente haga graciosos memes con ellos.

No hubo, además, la más esperada de las campañas de acusación o incluso de difamación en estas circunstancias, la dirigida contra el líder de los “golpistas”, Luis Fernando Camacho. Era evidente que Camacho estaba fuera del radar del gobierno. Al parecer, incluso gente entre los movilizados sabía más sobre aquél que el ministro de Gobierno.

¿Cómo hubiese sido posible para los golpistas lograr crear el clima inmediato que generó la ira colectiva entre el 20 y 21 de octubre? ¿Cómo hubiesen hecho que el TSE suspendiese el cómputo de votos? ¿Cómo hubiesen hecho para que Morales se declare sospechosamente ganador casi al mismo tiempo? Para tal efecto, sería necesario al menos que la oposición haya controlado a ambas o una de las empresas involucradas en el proceso, ya sea la proveedora del software o la auditora informática, y que ellos, naturalmente, se arriesguen a esta aventura. Pero aún en ese caso, ¿cómo hacer que el TSE, y el gobierno el general, no se percaten en los meses de preparación de las elecciones sobre tal riesgo? Sólo errores y una miopía inconcebibles explicarían tal situación. Aunque no es posible descartar esto totalmente, parece ser no más que una remota posibilidad.

¿Hubo fraude? Acá los indicios son varios. En julio de 2015, se renueva completamente la composición del TSE con la designación de 6 nuevos vocales por la Asamblea controlada por el MAS y uno por el presidente Morales. Tras las renuncias, debido a presiones, de los llamados vocales “institucionalistas”, el oficialismo se encargó de reemplazarlos en 2018, según dijo la prensa, con personas vinculadas en el pasado al MAS (quedando Antonio Costas como el único vocal “institucionalista”). El vocal que dijera que los resultados son “sagrados” fue incluso fotografiado pintando paredes a favor de MAS durante las elecciones previas. A esto siguieron en el último año una serie de despidos y cambios de funcionarios, mencionada por el entonces vocal Costas. Paralelamente, la interpretación de la Constitución, el 28 de noviembre de 2017, por el Tribunal Constitucional dispone, con malabarismos legales propios de rábulas, que Morales y García Linera tienen el “derecho humano” a la repostulación, desconociendo así el resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016 en el que, con telenovela creada o real, la población decidió no permitir la modificación constitucional que los habilitaría. La culminación de este proceso fue la final habilitación de ambos candidatos para las venideras elecciones nacionales, el 4 de diciembre de 2018, por este TSE controlado por el Ejecutivo. Adicionalmente a esto hay que notar: las observaciones al supuesto incremento inusual del padrón electoral; los notarios de Pando encontrados flagrantemente inscribiendo a ciudadanos en Riberalta; la autorización a una sola compañía para transmitir los resultados en boca de urna; las renuncias de vocales y funcionarios de los tribunales electorales departamentales los días inmediatamente posteriores a la elección; y, finalmente, el silencio del TSE durante las pasadas semanas cuando era más que imperante tener la voz técnica de la institución que despeje cualquier duda sobre el proceso electoral. Así, si se consideran la serie de encuestas, durante alrededor de año, que daban una posible victoria al MAS pero sin superar el 50% de los votos o sin alcanzar la diferencia de 10% sobre el segundo, hicieron pensar a muchos en el país que el gobierno planificó, de ser necesario, un fraude. Ambos informes de la OEA han venido a confirmar lo que los ciudadanos movilizados presumieron desde la noche misma de la elección.

El MAS, en tanto estructura partidaria, fue incapaz de generar dirigentes que pudiesen tomar la posta al binomio Morales-García Linera, o tal vez no se quiso hacerlo. Cuando Santos Ramírez fuera condenado a cárcel debido a los escándalos por corrupción en la empresa petrolera estatal, se cerró la vía del que parecía es sucesor natural de Morales. De la misma manera, cuando el excanciller David Choquehuanca fue apartado como delegado ante el ALBA en 2017 parecía que se creaba una situación para hacer de Morales el único presidenciable. Con ello, el MAS se puso a sí mismo en un callejón sin salida creado por la propia Constitución que ellos mismos aprobaron en 2009, que prohibía la reelección del presidente y vicepresidente por más de una vez continua (artículo 168). Morales y García Linera se consideraron insustituibles y forzaron la vía para un posible cuarto mandato consecutivo. De hecho, García Linera lo había dicho: sin Morales "el sol se esconderá y la luna se escapará". Llegada la elección, ellos sabían que no podrían ganar en primera vuelta y que de ir a segunda vuelta perderían con Carlos de Mesa. Esa noche apostaron al suicidio.

Champa guerra

Las crisis nos muestran, decía René Zavaleta, a la sociedad en su desnudez. El gobierno del MAS fue siempre el gobierno de los sectores populares del país. Fue, en verdad, una macro articulación de diversas organizaciones de campesinos, trabajadores asalariados, trabajadores cooperativistas, comerciantes, cuentapropistas y transportistas. En un inicio, también de una parte de la clase media, y de ahí de forma progresivamente decreciente. Esto a contracorriente de lo que ocurría con el empresariado que, de opositores radicales en los primeros años, pasaron muchos de ellos, a conversos del gobierno de la “estabilidad económica” a partir del pacto del 4 de febrero de 2011. Si bien en el inicio de la crisis desatada el 20 de octubre, la gran mayoría de las organizaciones de campesinos y trabajadores se alinearon detrás del MAS, los acontecimientos desatados y la información relacionada al fraude electoral cambiaron la correlación de fuerzas en su contra. El estupor inicial, que causó a los sectores populares la posibilidad de un fraude cometido por el partido que los representa, duró un par de días. A la defensa convocada por Morales, rechazado la acusación de fraude, en efecto respondieron con su movilización los campesinos en el eje troncal, incluyendo a los cocaleros del trópico, pero también de algunos ayllus de norte Potosí, además de los trabajadores mineros estatales de Huanuni y Colquiri, los cooperativistas auríferos y las juntas de vecinos. Entremezclado con el sincero apoyo al “proceso de cambio” estaba también la mediación prebendal, instalada hace varios años. El aparato quasi-estatal del partido, mediante sus muchos alcaldes y otras autoridades también funcionó para movilizar a la gente, sin mencionar que los funcionarios públicos fueron utilizados sistemáticamente para inflar de gente las concentraciones masistas. Y tal vez todo esto le pasó factura al MAS cuando se sumó a ello el conocimiento de las revelaciones sobre el fraude. Uno a uno estos sectores fueron dejando de responder al llamado hasta que prácticamente nadie lo hizo. Cuando los policías de La Paz se amotinaron, los mineros de Huanuni y Colquiri, que por días habían hecho vigilia en la Plaza Murillo, habían desaparecido de vista.

El campesinado fue siempre el sustento fundamental del gobierno del MAS, su sustrato social más íntimo. La reconducción de la Reforma Agraria fue un masivo proceso de transferencia de tierras a manos campesinas que no tiene paragón sino únicamente con el proceso al que el campesinado había forzado al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en 1953. Pero la propiedad de la tierra no garantiza su posesión permanente y, de hecho, en el mercado nada impide que ésta se concentre, más al contrario. Esto más aún si la gran propiedad no es afectada. Ya por aquel entonces, el censo agropecuario de 2012 mostraba que las unidades agropecuarias con una superficie mayor a 500 hectáreas utilizaban el 66% (22.818.064 hectáreas) del total de la superficie empleada para la producción agrícola, ganadera o forestal; si bajásemos un poco más la marca, digamos a 100 hectáreas, que es aún así una superficie bastante grande para ser trabajada por una familia campesina, tendríamos que representan el 79% (27.471.259 hectáreas). Los campesinos, sin duda, se beneficiaron de la distribución de tierras que, considerando las décadas de minifundio, pobreza extrema y migración, explican su profunda gratitud para con el gobierno. Pero esta distribución no afectó el también dilatado proceso de conversión de la agricultura y ganadería del país en industriales, que producen esencialmente soya, maíz, girasol, sorgo y carne bovina y avícola.

Los trabajadores manuales, otra de las mayorías nacionales, si bien apoyaron en su mayor parte al gobierno del MAS durante estos años, tuvieron una relación más conflictiva y oscilante que los campesinos: alrededor de la ley de pensiones el 2008 y 2013, del gasolinazo de 2010, o de los incrementos salariales en un par de años, aparte de varios conflictos sectoriales. En algún punto (2013), los obreros trataron de formar su propio partido y conquistar su autonomía política respecto al MAS. Pese a esto, cuando vino la crisis electoral, los trabajadores mineros de las empresas del Estado respondieron al llamado de Morales y le defendieron con dinamita en mano hasta que finalmente lo dejaron de hacer. Los cooperativistas mineros auríferos, que se habían beneficiado de importantes áreas de trabajo en el norte del departamento de La Paz y la Amazonía -incluso dentro de áreas protegidas- durante estos años, también acudieron a la convocatoria y también se retiraron a sus regiones cuando avanzó el conflicto. Aparte de estos actores plenamente visibles, la participación de los trabajadores estuvo diluida en tanto estuvo mediada por otros tipos de organizaciones, sean estas barriales o cívicas. Si bien el tamaño relativo de los sectores trabajadores, según el Censo de 2012, ha crecido a expensas del campesinado, esto no ha sido reflejado en formas políticas.

En la vereda del frente, sin embargo, los sectores populares que se alinearon con la oposición y el movimiento cívico, a medida que la crisis avanzaba, lo hicieron en algunos casos directamente, en otros por la confluencia de las fuerzas en flujo. No es de extrañar que los cocaleros de los Yungas se hayan puesto en la vereda del frente si se recuerda su confrontación con el gobierno ante la ampliación de las zonas de cultivo de coca en la zona no tradicional -el Chapare- por la cual sus dirigentes fueron encarcelados. No es sorpresa tampoco que los cooperativistas mineros de Potosí lo hayan hecho, ya que perdieron muchas vidas en diferentes batallas con el gobierno por las cuales aún no hay responsables en la cárcel, en tanto ahí sí se encuentran encerrados algunos de sus dirigentes. Los trabajadores mineros de Chojlla pese a vivir a pocas horas de La Paz no fueron atendidos en sus reclamos sobre violaciones de derechos humanos en la mina. No es sorpresa que, por tanto, los sectores azotados por el brazo represivo o la indiferencia del gobierno se hayan enlistado organizadamente en las corrientes políticas que lo asediaban.

La debacle masista, lastimosamente, no será sin consecuencias para la capacidad de movilización de las organizaciones populares. No sólo el aparato estatal y partidario del MAS colapsó en este proceso, es muy posible que la estructura prebendal sindical también lo haga y muy rápidamente. Como la madera podrida por dentro, ésta también se desmoronando con el impacto de la crisis. Esto no sólo ha comenzado a ser visible en El Alto que por ahora tal vez se parece más a una hidra de muchas cabezas que trata de reorganizarse rápidamente desconociendo, en algunos casos, a dirigentes masistas y opositores. Lo es también en el fracaso sistemático de las dirigencias de la COB, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), entre otras, en tratar de movilizar a sus bases. El estupor produjo a su vez desorganización. Sólo una vez que se arranque la maleza podrán crecer los cultivos.

Las clases medias, por su parte, fueron la columna vertebral de la movilización cívica y opositora durante una buena parte de la crisis -hasta que barrios y regiones más populares entraron en el ruedo. Los jóvenes universitarios y los jailones de las ciudades del eje tuvieron su bautismo político en este tiempo. Muchos los subestimamos, pero nadie más que el gobierno. Morales se burló de su capacidad de organización diciendo que no aguantarán y que sólo estaban ahí por “platita y notitas”. Ellos crearon el grito de guerra que marcó el tono de toda la movilización: “¿Quién se rinde? ¡Nadie se rinde! ¿Quién se cansa? ¡Nadie se cansa! ¿Evo de nuevo? ¡Huevo, carajo!”.

Muchos de ellos son también hijos de trabajadores y campesinos, estudiantes en las universidades públicas y privadas, que engrosaron las filas de los protestantes. El MAS agrandó el tamaño absoluto de la clase media en estos años. La población en ocupaciones de trabajo no manual, según el Censo de 2012, prácticamente se duplicó desde 2001 (aunque su peso relativo se incrementó muy ligeramente, a casi el 20% en 2012). Por un lado, si estos nos sirven de indicadores complementarios, la urbanización del país continuó a pasos acelerados: casi el 70% de la población vive ahora en centros urbanos (en comparación con 62% el 2001, de tan sólo 26% en 1950). Junto con ello, el mejoramiento sustancial de las condiciones de vida (producto combinado de las políticas de incremento salarial y los bonos junto con el incremento de las importaciones de bienes manufacturados baratos del Asia), han ensanchado las clases medias. Según el Ministerio de Economía, el 58% de la población tenía ingresos medios en 2017 (en comparación con el 35% en 2005). De alguna forma, no es incorrecto decir, que el MAS incubó la clase social que inició la movilización que provocó su caída: fue presa de las fuerzas que desató o que aceleró.

No hubo ninguna crisis económica, ni siquiera una recesión, que haya incitado la insatisfacción de las clases medias movilizadas. La pérdida del apoyo de las sectores medios fue lenta pero constante durante todos estos años, no sólo por el manejo torpe de la burocracia estatal, pero fundamentalmente debido a la profunda incapacidad del gobierno de reconocer sus errores: de reprimir con brutalidad a los discapacitados el 2012 y 2016; de reprimir torpemente a la marcha de las organizaciones indígenas opositoras el 2011; de desconocer un referéndum y de forzar la habilitación de sus candidatos violando las normas que ellos mismos aprobaron; de hacer campaña electoral y no reconocer siquiera la existencia de los grandes incendios forestales de la Chiquitanía que se venían sucediendo por un tiempo ya. La ira de las clases medias fue moral. Y en democracias, no hay hegemonía posible sin el consenso de ellas.

Detrás de ellas, y sus buenas intenciones, sacaron la cabeza los sectores fascistas que habían estado callados por varios años. En Santa Cruz, durante la primera semana, salieron con ganas de patear collas -y muchos lo hicieron. Amalgamando a varios de estos sectores medios vino el resurgimiento del sentimiento religioso en la política, las oraciones en cabildos, las oraciones de vecinos movilizados o de policías arrodillados y la Biblia en el palacio presidencial.

Los movimientos cívicos son la expresión multifacética de estas clases y de otras que se articulan con ellas. En Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, quien fuera líder de las juventudes cruceñistas, es a la vez el representante de una fracción del empresariado, comenzando con su propia familia, dueña del Grupo Nacional Vida. La crisis nunca fue una en la cual los empresarios en bloque se aliasen con las clases medias contra el gobierno y las clases populares. Es mucho más certero decir que una fracción de los empresarios estuvo movilizada mientras que otros estuvieron expectantes, algunos de los cuales cambiaron de bando cuando las perspectivas de victoria brillaban con más claridad del lado cívico. El 30 de octubre, el apoyo económico -al menos el que se hizo público- de las asociaciones empresariales (la Cámara Agropecuaria del Oriente -CAO- y Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz -CAINCO-, además de la fundación de Percy Fernández) comienzan a financiar las ollas comunes de los movilizados: 220 mil raciones fueron servidas en Santa Cruz hasta el 10 de noviembre. Aún cerca del 8 de noviembre, el padre de Camacho recrimina en una carta a la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), a la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz (FEPSC) y a CAINCO expresando su “decepción porque las instituciones que hoy dirigen ustedes no defienden los intereses legítimos de las empresas del Grupo Nacional Vida”, que estaría bajo la lupa de las autoridades. No es posible imaginar que los ganaderos, que proveyeron de altos dirigentes masistas en particular en el Beni (empezando con el gobernador Alex Ferrier) y que se acababan de beneficiar de un decreto supremo que autorizaba el desmonte y las quemas controladas, se hayan congratulado con las movilizaciones contra el gobierno. El líder de su confederación, Oscar Ciro Pereyra, festejó junto con Morales el inició de la exportación de carne a la China, en medio de los voraces incendios en la Chiquitanía. La banca, que se dio un festín de ganancias durante el proceso de cambio (de $US 44 millones en 2005 a 317 millones el 2017 -antes de impuestos-, según el Ministerio de Economía), parece haber visto la convulsión desde el palco, así como lo hicieron otros gremios. ¿Por qué las trasnacionales mineras se aventurarían a apoyar a una movilización contra el gobierno que les permitió ganar -según mis propios cálculos- US$ 1.100 millones en los pasados años? Los empresarios, dijo el ministro Romero, “están respaldando la candidatura del presidente Evo Morales, que lo digan abiertamente o no es otra cosa, pero lo están haciendo” ya que “no son miopes, saben a dónde apuntar y saben que Evo les garantiza seguir creciendo”. Otro gobierno evidentemente generaría un ambiente más favorable al empresariado en su conjunto, sin embargo, esto no es razón suficiente para que ellos se embarquen en aventuras políticas cuando los negocios van muy bien. La CAINCO sólo se sumó a los pedidos de renuncia de Morales el 10 de noviembre.

Los inesperados aliados de los empresarios liderando la movilización fueron el joven que fuera “heladero, escamador de pescado, peón de cooperativistas” e hijo de trabajador minero, Marco Antonio Pumari, y el maestro trotskista, Rodrigo Echalar, lideres cívicos de Potosí y Chuquisaca. Estos comités cívicos articularon en las protestas a estudiantes, cooperativistas mineros, trabajadores asalariados mineros y otros. Potosí, epicentro de sendos y largos paros contra el gobierno (por autonomía, mayor inversión estatal y la industrialización de los recursos de la región con beneficios para la misma, en particular en el caso del litio), es sin dudas la ciudad más ignorada por el gobierno en estos años. De hecho, la ciudad ya se encontraba movilizada en su totalidad una semana antes de las elecciones generales. La convergencia es sin duda circunstancial pero catalizada por su oposición al gobierno.

La policía nunca fue la favorita de Morales. Reemplazada de la guardia presidencial por las Fuerzas Armadas cuando éste asumió la presidencia, la policía no goza de los beneficios que fueron concedidos a éstas. No acceden, por ejemplo, a jubilación con el 100% del salario. Morales trató a los policías acorde a sus sentimientos generados en su época de dirigente sindical: hizo a un policía atarle sus zapatos en público hace unos años. Durante la reciente confrontación social, la policía se encargó de distribuir pollos a los trabajadores mineros movilizados en La Paz. Sus esposas se habían movilizado desde temprano en el conflicto y son con seguridad instigadoras del motín de sus esposos. El gobierno se dio cuenta del riesgo muy tarde. El 1 de noviembre hizo un pago extraordinario de Bs$ 3.000 a todos los efectivos. Los policías le llamaron “bono lealtad” pero no hizo el efecto esperado -tal vez incluso el contrario.

Las comparaciones son siempre odiosas, pero, tal vez porque no pudo o porque realmente no lo haría, Morales no mandó a las Fuerzas Armadas a reprimir a la población y de hecho la policía no fue brutal con las clases medias movilizadas. Los eventos en Chile dan una imagen clara de las diferencias en el uso de la fuerza ante la protesta.

Sin embargo, aparte de todos estos sectores movilizados hubieron otros muy importantes espectadores, o que pasaron a ser eso. Si excluimos la movilización del 28 de octubre, el grueso de la ciudad de El Alto sólo observó los sucesos de los eventos. Aquel estupor no fue en ningún lugar más grande que acá. ¿Cómo defender a un gobierno que muy posiblemente habría cometido un fraude? Faltaba la convicción moral de los que aspiran a la victoria, aquella que es el fundamento de los actos heroicos de la historia. El Alto, la ciudad morena y trabajadora, estuvo paralizada por la consternación de tal constatación y vio caer a su gobierno. El líder de la COB no estaba equivocado en pedir que el león despierte. Lo hizo, pero cuando Morales ya estaba de camino a México y cuando los policías sin empacho se quitaban la wiphala de sus uniformes y otra gente quemaba esta bandera en varias partes del país. La furia de El Alto fue como un huracán que arrasó en su paso, no antes de la caída de Morales sino después, el 11 de noviembre, 6 distritos policiales en pocas horas. “¡La wiphala se respeta, carajo!”, gritaba la gente. Muchos policías, en El Alto, y en otras ciudades pidieron perdón, incluso en aimara, al pueblo alteño. “Nos han llamado hordas, nos han humillado, han quemado la wiphala”. El pueblo alteño pide, en lo fundamental, respeto, que se les deje llamar con términos agraviantes como “vándalos” y que se pare la ola racista. En la Tamborada (Cochabamba), la estación policial también sufrió la ira de la gente. La histeria colectiva que hizo presa de las clases medias durante las noches del 10 y 11 de noviembre, en particular en La Paz, fue la excusa perfecta para tratar a gente humilde movilizada de forma organizada, pacífica o furiosamente, contra el racismo, a los militantes masistas con sus grupos de choque y a los vándalos con similar garrote. El país fue militarizado desde el 11 y la represión procedió con un significativo silencio mediático. No tardaron en producirse los primeros heridos. En Santa Cruz, se le dio una fiesta a la gente; en El Alto, en los barrios populares de algunas ciudades y en algunas poblaciones menores (Yapacaní en particular) la gente recibió el terror de la represión. La recuperación de la “democracia” tuvo lugar con el ejército en las calles. Los heridos y muertos fueron reportados primero en las redes sociales y muy lentamente por la gran prensa. Apenas hemos comenzado a contarlos.

Si bien no utilizó a las fuerzas represoras, por las razones que sea, Morales sí convocó a sus bases y a las organizaciones sociales a defender los resultados electores -el fraude. La soberbia entorpece el discernir. Aquel que da un rodillazo a un periodista en frente de muchas cámaras durante un partido de futbol es también el que creyó que podría cometer un fraude electoral sin que nadie se de cuenta. Bebieron demasiado del poder y se embriagaron. Aquellos que no reconocieron sus errores, que desconocieron un referéndum y que reaccionaron tarde al gran incendio de la Chiquitanía; aquellos que trataron con toda dureza a los que se les pusieron en frente, incluso a los dirigentes de organizaciones sociales alguna vez afines; aquellos, en fin, crearon las condiciones de su propia derrota. Y son ellos mismos los que regalaron una bandera política a la derecha y a los sectores verdaderamente conservadores que ahora asoman la cabeza. Tras una década de incrementos en los salarios, de mejora del nivel de vida de las mayorías nacionales, de ganancias extraordinarias para los empresarios, comerciantes y la banca, en fin, como decían ellos mismos, en un tiempo de “crecimiento y estabilidad económicas”, el MAS tenía las mejores perspectivas para seguir gobernando al país por varios años más, si no se obstinaba a forzar la candidatura de los insustituibles. Tras varios años, la oposición política no tenía aún la fuerza necesaria, ni el programa para ser eso, oposición. En su obstinación con creerse irremplazables no les importó poner a trabajadores y campesinos contra clases medias en un cuadrilátero. Son ellos los que apostaron a la confrontación civil para resolver la disputa. Son ellos los que replicaron y ampliaron la champa guerra incitada por los movimientistas durante su decadencia en los años 60. Son ellos los que abrieron las puertas a la reconstitución de las fuerzas conservadores:  tal como en 1964, ellos también tendrán su noviembre. Ellos, Morales y García Linera, son los verdaderos responsables de este gigantesco descalabro social y político. La historia les juzgará.

Se cierra un ciclo político y hay que hacer sonar su réquiem. Los procesos políticos rara vez encajan en los esquemas ideológicos prefabricados y hay que considerarlos en su complejidad. No podemos mirar al futuro sin mirar de frente a los errores del pasado. Cuando finalmente se produzca la crisis económica internacional, que ha estado en fermentación durante estos pasados años y respecto a la cual las políticas económicas del gobierno del MAS han convertido al país en más vulnerable, sonarán otras tonadas. Habrá que recorrer nuevos caminos. Por ahora, es tiempo de reorganización, de limpiar la casa. La resistencia popular ha comenzado.

13 de noviembre de 2019



Medios de prensa.
Todos los elementos mencionados acá pueden ser fácilmente corroborados revisando la prensa nacional, entre otros:
Periódicos: Página 7, El Deber, Cambio, La Razón, El Potosí.
Televisión: ATB, PAT, Red UNO, UNITEL, TVB.
Radio: Erbol, Panamericana, Fides, San Gabriel.
Prensa alternativa en redes sociales: Colectivo Curva, VosTv y varios otros.



[1] Geography and Environmental Studies
Carleton University
vladimirdiazcuellar@cmail.carleton.ca

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